Hanna tomó el teléfono y contestó la llamada.
Del otro lado de la línea se escuchaba una mezcla de jadeos y sonidos íntimos inconfundibles.
Hanna no era ninguna niña ingenua, y después de tantos años de matrimonio, sabía perfectamente qué estaba pasando.
Rocío estaba usando el celular de Luciano para transmitir el encuentro en vivo y en directo.
Su única intención era que Hanna escuchara cada segundo del espectáculo.
Y, por supuesto, la voz masculina era la de Luciano.
Aunque ya tenía más que asimilado que él y Rocío seguían viéndose a escondidas...
Escucharlo de primera mano era una humillación infinitamente peor que simplemente intuirlo.
Incluso si el amor de Hanna por él ya estaba muerto...
Ese nivel de crueldad era insoportable.
Hanna tenía claro que el único objetivo de Rocío era destruirla emocionalmente.
Esa llamada era una trampa calculada.
Si se dejaba quebrar, le estaría dando la victoria a su enemiga. Pero, a pesar de sus intentos por contenerse, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.
Como un muro de contención que finalmente cede ante la presión.
-
Dos horas antes.
Luciano apenas había salido de la sala de curaciones. Tenía la espalda y la cintura completamente vendadas.
La herida más grande requirió diecinueve puntos. El daño había sido grave, e incluso le hicieron una tomografía, aunque afortunadamente los golpes no comprometieron sus órganos. Pensó que el mayordomo había tenido compasión de él.
Estaba perdido en esos pensamientos cuando...
Tatiana entró abruptamente a la habitación del hospital.
—Luciano, ¿no crees que fueron demasiado crueles con ella? Al fin y al cabo, ella es la verdadera víctima aquí.


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