Tatiana Soler emitió su juicio de inmediato:
—¿Acaso Hanna es un monstruo? ¿No supo educar al niño, se cayó por su propia culpa, y en venganza manda a que dejen a Rocío en este estado?
Tatiana siguió enviando mensajes, cada uno lleno de maldiciones hacia Hanna.
—¡Esto es un intento de asesinato! ¿Se podrán salvar las piernas de Rocío? Luciano, ¿dónde estás? No contestas el teléfono y me estoy muriendo de angustia.
—Si hubiera vuelos disponibles, ya estaría allá acompañando a Roci. ¿Eres un hombre de verdad o no? ¿Tienes idea de lo destrozada que debe estar al no encontrarte?
—Esto es una injusticia total. Te juro por mi vida que Rocío jamás manipuló a Camilito. Que Hanna haya ordenado semejante brutalidad sin pruebas demuestra lo asquerosa y vil que es.
Luciano estaba completamente paralizado, sin saber qué hacer.
Rocío nunca había sido tan fuerte como Hanna, y sus heridas eran mucho peores. Poco a poco, la balanza en su corazón comenzó a inclinarse.
Lo más importante para él era que Rocío era inocente. Aunque Julián la señalara como la culpable, Luciano realmente creía que no tenía nada que ver. El niño, antes de hacer su travesura, le había preguntado con mucho resentimiento si ya no volvería a llamarlo papá.
Camilito era muy sensible. Sabía que lo iban a dar en adopción, y obviamente no culparía a su madre biológica, culparía a Hanna.
Fuera como fuera, Luciano estaba convencido de que Rocío no tenía culpa alguna en esa tragedia.
Y ahora, ella era la que estaba pagando el precio de una venganza desmedida.
Para Luciano, un ataque tan sádico no podía ser una simple casualidad. ¿De todos los lugares del cuerpo, le rompen precisamente las dos piernas? Era demasiada coincidencia.
A Hanna solo le faltaba sensibilidad en las piernas, pero ni de cerca se comparaba con la agonía de Rocío, con los huesos fracturados atravesándole la piel.
Luciano respiró hondo. Ya había tomado una decisión.
Le ordenó a sus guardaespaldas que llevaran a Hanna al hospital donde la esperaba Dyson, mientras él se desviaba para ver a Rocío primero.
Pensó que solo sería un momento, que se encargaría de que la atendieran y luego volvería a toda velocidad para acompañar a Hanna durante su cirugía.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó