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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 2

Hanna lo soltó: —Mamá te ha extrañado mucho todo este tiempo sin verte, mi amor.

Pero por más que intentaba explicarse, Camilo no dejaba de llorar y hacer berrinche, y solo se calmó cuando ella salió.

Hanna se llevó el celular consigo; el niño apenas tenía cinco años y no era bueno que se hiciera adicto a las pantallas.

Hanna revisó el teléfono. El contacto con el que Camilo estaba en videollamada estaba guardado como Tía Chío.

Hanna sintió una punzada en el pecho, pero pronto pensó que tal vez era alguna profesora nueva del kínder; era imposible que se tratara de esa mujer...

Apenas cerró la puerta de la habitación infantil,

Hanna recordó algo de pronto y le preguntó a Lidia: —Lidia, ¿ha entrado alguna profesora nueva al kínder de Camilito recientemente?

Lidia negó con la cabeza.

Al regresar a su recámara, el corazón de Hanna se hundió. ¿Cómo era posible que el nombre de la persona que más odiaba apareciera de repente en el celular de su hijo?

*¿Quién era exactamente esa Tía Chío?*

Hanna tomó bruscamente otro celular.

Era el teléfono de Luciano. En la pantalla, justo en el centro, apareció una notificación de un mensaje no leído.

*Rocío: Lucho, me hace muy feliz poder estar con Camilito a tu lado.*

A Hanna se le hizo un nudo en la garganta.

Apretó el aparato hasta que se le blanquearon los nudillos.

Presionó sobre el mensaje.

En el chat entre Luciano y Rocío, aparecieron incontables mensajes.

Hablaban casi a diario.

Jamás se imaginó que hace cinco años, cuando Rocío mató a golpes a su bebé, no solo no provocó el repudio de Luciano, sino que hizo que ambos estuvieran más unidos que nunca.

—¿Recuerdas qué día es el aniversario de la muerte de nuestro bebé? —preguntó Hanna.

—Tus emociones están fuera de control. Cálmate sola un rato, mañana hablaremos —respondió él con frialdad.

Dicho eso, tomó su celular y la pijama que estaba sobre la cama, y salió de la recámara.

Tras tantos años de matrimonio, a excepción de los momentos íntimos, él siempre la había tratado con frialdad, desinterés, distancia y fastidio.

Ni siquiera era capaz de recordar el aniversario de la muerte de su único hijo.

Pero con Rocío era incansable, le respondía a todo con una paciencia y tolerancia infinitas.

Ella ya debería estar acostumbrada.

Pero, de repente, ya no quería seguir soportándolo.

¡Tenía que divorciarse!

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