Entrar Via

Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 49

Nuevo hogarTu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Por eso Luciano la pisoteaba una y otra vez, porque ella nunca le había cobrado la factura.

Pero eso se acabó.

Julián se inclinó hacia ella y le susurró:

—No te preocupes. Luego hablaré a solas con Leonardo para explicarle la situación.

—No es necesario —respondió Hanna con frialdad—. Perdóname, Julián, te arruiné el negocio.

Al escucharla llamarlo por su nombre de forma tan cercana, Julián se sorprendió un segundo, pero rápidamente intentó reconfortarla.

—No pasa nada, habrá más oportunidades —hizo una pausa y la miró a los ojos—. El hecho de que Luciano le haya transferido Trueno Games a Rocío, y que la traiga a estos eventos para robarte proyectos, demuestra que va en serio con ella. ¿Quieres que te contacte con el mejor abogado de divorcios del país?

—No hace falta. Firmamos un acuerdo prenupcial y renuncié a todo; me iré sin un centavo. No quiero alargar esta agonía —Hanna respiró hondo, con los ojos ardiendo de determinación—. Pero sí te pediré un favor: consígueme al mejor abogado especializado en patentes que conozcas. Juro por mi vida que no dejaré que me vuelvan a humillar.

Julián asintió con firmeza.

—Dalo por hecho.

Media hora después, Hanna y Julián abandonaron el banquete.

Al regresar a su pequeño y solitario departamento, el celular de Hanna comenzó a vibrar. Era una llamada de Luciano.

Se quedó mirando la pantalla.

Hace apenas unas horas, en medio de la gala, él la había destruido públicamente. Con el poder del Corporativo Larios en su contra, era seguro que toda la industria tecnológica le cerraría las puertas por miedo a represalias. Además, había defendido a capa y espada a Rocío, protegiendo su orgullo y mimando su ego.

¿Para qué demonios la llamaba ahora?

Dejó sonar el teléfono un par de segundos más y contestó con voz glacial.

—Bueno.

El tono de Luciano era áspero y demandante.

—Regresa a la casa.

Hanna sintió que la solicitud era absurda.

Habían aterrizado ese mismo día, y Luciano no había perdido ni un segundo en llevarla a la gala para asegurarle el proyecto con el Grupo Zenit.

Así era como actuaba un hombre enamorado. Luciano amaba a Rocío, y por eso la colmaba de lujos: montañas de bolsos exclusivos, joyas carísimas y vestidos de quince millones. La llevaba de vacaciones y le construía un imperio para su carrera.

Hanna, en cambio, jamás recibió ni las migajas de lo que desesperadamente le había suplicado.

—Ajá —murmuró Hanna con una sonrisa amarga—. Si eso es todo, voy a colgar.

Estaba a punto de cortar la llamada cuando la voz de Luciano la detuvo.

—Camilito tiene fiebre. Seguro comió algo que le hizo daño, está vomitando y tiene diarrea. Llora por ti.

Hanna se quedó petrificada. Como no había nadie en la casa durante días, la niñera era quien lo cuidaba. Seguramente el niño, con sus berrinches, la había convencido de darle de más algún dulce o helado.

Pero, ¿qué tenía que ver eso con ella?

Hanna respondió con una frialdad que asustó hasta a ella misma.

—¿Acaso no tienen hospitales?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó