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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 56

Nuevo hogarTu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Sebastián tenía el altavoz activado, así que Hanna escuchaba cada palabra con absoluta nitidez.

Ella no tenía la más mínima intención de hablar con él. Esa supuesta charla no sería más que otro intento patético por doblegarla psicológicamente, y ya no iba a permitir que la trataran como un tapete.

Hanna negó con la cabeza, sin inmutarse.

Sebastián retomó la palabra:

—Señor Larios, cualquier asunto que tenga que discutir, lo hará directamente conmigo. No hay necesidad de incomodar a mi clienta. El trámite legal de revocación ya está cerrado; las patentes fueron obra del talento de mi representada y, por tanto, la ley le otorga el derecho de recuperarlas. Como ese tema ya está zanjado, le sugiero que pasemos a discutir el destino de Trueno Games.

Luciano palideció.

Jamás imaginó que Hanna se negaría siquiera a dirigirle la palabra.

Su firmeza lo tomó totalmente por sorpresa.

Había estado seguro de que esto no era más que un capricho infantil, un berrinche pasajero, y que en cuanto él exigiera resultados, Hanna cedería sin chistar, como había hecho toda la vida.

El problema era que Trueno Games estaba en la cima del mundo. Los elogios llovían en el mercado internacional, y en LatAm el juego se había vuelto una verdadera adicción.

Luciano necesitaba a Trueno Games vivo. Y justo ahora, Hanna le estaba arrancando el corazón a su empresa maestra al quitarle las patentes principales.

Tal y como había advertido el abogado, al retirarse las licencias, el corporativo perdía automáticamente el derecho de utilizar el software. Debían darlo de baja en cuanto recibieran el aviso legal; de no hacerlo, estarían cometiendo un fraude de proporciones épicas.

Y eso no solo significaba una demanda por derechos de autor, sino multas que llevarían a la ruina a la compañía.

De hecho, ese aviso legal ya había sido enviado al correo del equipo jurídico del Corporativo Larios apenas unos minutos atrás. Fueron ellos quienes encendieron las alarmas.

A Luciano le zumbaban los oídos de la rabia. *¡Qué jugada tan retorcida!*

Hanna lo había acorralado sin darle siquiera la oportunidad de defenderse.

—¿Y de qué rayos quiere hablar? —escupió Luciano, desesperado.

No eran brillantes, ni mucho menos indispensables.

Si Hanna tomaba las riendas de Trueno Games, ella sola podría sostener la operación del juego entero en cuestión de días. De hecho, fue ella misma quien, con un pequeño grupo seleccionado por ella, lanzó la versión internacional; una versión tan infinitamente superior que los ingresos humillaban a las ganancias locales. Incluso en LatAm, los verdaderos fanáticos usaban VPNs solo para poder conectarse a los servidores del extranjero.

Lo que Hanna había entregado no tenía precio. Era insustituible. Ella era un genio absoluto, el cerebro creador de todo el imperio.

Si existiera alguien capaz de llenar los zapatos de Hanna, Luciano no estaría sudando frío por perder esas patentes.

Por desgracia, se había dado cuenta de su inmenso valor cuando ya era demasiado tarde.

Sebastián cortó la llamada, dejando que el silencio y la imaginación devoraran la mente de Luciano.

Hanna tomó su celular y, con voz serena, preguntó:

—¿Cree que Luciano terminará cediendo? El equipo legal de la familia Larios es feroz. ¿De verdad tenemos las de ganar?

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