A fin de cuentas, a los hombres se les domina por el deseo.
Antes, Luciano la consentía sin límites; si ella pedía una estrella, él le bajaba la luna.
Aunque Rocío había cruzado varias de sus líneas rojas en el pasado, jamás le había importado, siempre y cuando su estatus no se viera amenazado.
Y además, estaba convencida de que una mujer sosa, sumisa y perdidamente enamorada como Hanna, era el tipo de mujer que a un hombre como Luciano le terminaba pareciendo repugnante y aburrida.
En los últimos días, tras someter a Luciano a sus pequeñas "pruebas" emocionales, los resultados le habían dado la razón.
Sin importar el contexto o la situación, a la hora de elegir entre ella y Hanna, él siempre tomaba su lado y la defendía sin dudar.
Pero ahora, de buenas a primeras, el muy descarado se atrevía a refregarle en la cara que Hanna era su legítima esposa.
¿Por qué demonios de pronto la defendía con tanta empatía?
Luciano parpadeó, sorprendido por el ataque. Al ver el ceño fruncido de Rocío, recurrió a su vieja rutina para tranquilizarla:
—Rocío, no seas celosa. Entre Hanna y yo solo existe un papel firmado. No hay ningún sentimiento de por medio.
Él odiaba verla triste.
En el fondo, Luciano siempre había creído que lo único que podía ofrecerle a Hanna era el estatus social de ser la "Señora Larios". Nada más.
Al escuchar eso, una sonrisa de suficiencia se dibujó en los labios de Rocío. *¡Lo sabía! Él seguía comiendo de la palma de su mano.*
—Entonces llámala y oblígala a renunciar por completo a esas patentes —exigió con voz melosa—. Al final del día, ella es capaz de arrastrarse por ti; hará cualquier cosa que le pidas.
Luciano asintió con lentitud. Sacó su teléfono y buscó el contacto de Hanna.
Él también creía tener la certeza de que ella movería montañas por él si se lo ordenaba.
La noche anterior, sin ir más lejos, cuando el pequeño Camilo no dejaba de llorar quejándose de dolor, a él le pareció insoportable, y Rocío había decidido ignorar al niño. Bastó una sola llamada para que Hanna saliera corriendo a socorrerlos en plena madrugada.
Sebastián respondió con frialdad profesional:
—Los contratos de transferencia de patentes son perfectamente revocables, señor Larios. Especialmente cuando existe una evidente desventaja o injusticia entre ambas partes al momento de firmar. En este caso, se cumplen todos los requisitos para la anulación.
—¿A qué se refiere con "injusticia"?
—Me refiero a que, en el momento de la firma, los derechos y las responsabilidades eran abismalmente asimétricos. Una de las partes sufrió una pérdida monumental, mientras que la otra se enriqueció de forma ilícita. Por pura lógica legal, la parte agraviada tiene todo el derecho de solicitar la anulación inmediata del acuerdo.
»Y ese es exactamente el caso de la señorita Mendoza. Ella le cedió las patentes, y usted se ha embolsado fortunas año tras año usándolas como trampolín.
»Usted dirá que ella no invirtió capital y por ende no "perdió" nada, pero, si ella hubiera licenciado esas patentes, estaría cobrando cientos de millones en regalías anualmente. Al no haber recibido un solo centavo de esas ganancias, el acuerdo queda sin efecto. Ahora bien, Trueno Games debe ser retirado inmediatamente de todas las plataformas digitales, tanto nacionales como internacionales. De lo contrario, procederemos a demandarlo formalmente, lo que no solo derivará en la incautación de sus ganancias ilícitas, sino también en multas astronómicas.
Luciano se quedó helado, como si le hubieran vaciado un balde de agua fría en la cabeza.
—¿Y cuál es la postura de Hanna en todo esto? ¡Pásemela, quiero hablar con ella directamente!

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