A fin de cuentas, a los hombres se les domina por el deseo.
Antes, Luciano la consentía sin límites; si ella pedía una estrella, él le bajaba la luna.
Aunque Rocío había cruzado varias de sus líneas rojas en el pasado, jamás le había importado, siempre y cuando su estatus no se viera amenazado.
Y además, estaba convencida de que una mujer sosa, sumisa y perdidamente enamorada como Hanna, era el tipo de mujer que a un hombre como Luciano le terminaba pareciendo repugnante y aburrida.
En los últimos días, tras someter a Luciano a sus pequeñas "pruebas" emocionales, los resultados le habían dado la razón.
Sin importar el contexto o la situación, a la hora de elegir entre ella y Hanna, él siempre tomaba su lado y la defendía sin dudar.
Pero ahora, de buenas a primeras, el muy descarado se atrevía a refregarle en la cara que Hanna era su legítima esposa.
¿Por qué demonios de pronto la defendía con tanta empatía?
Luciano parpadeó, sorprendido por el ataque. Al ver el ceño fruncido de Rocío, recurrió a su vieja rutina para tranquilizarla:
—Rocío, no seas celosa. Entre Hanna y yo solo existe un papel firmado. No hay ningún sentimiento de por medio.
Él odiaba verla triste.
En el fondo, Luciano siempre había creído que lo único que podía ofrecerle a Hanna era el estatus social de ser la "Señora Larios". Nada más.
Al escuchar eso, una sonrisa de suficiencia se dibujó en los labios de Rocío. *¡Lo sabía! Él seguía comiendo de la palma de su mano.*
—Entonces llámala y oblígala a renunciar por completo a esas patentes —exigió con voz melosa—. Al final del día, ella es capaz de arrastrarse por ti; hará cualquier cosa que le pidas.
Luciano asintió con lentitud. Sacó su teléfono y buscó el contacto de Hanna.
Él también creía tener la certeza de que ella movería montañas por él si se lo ordenaba.
La noche anterior, sin ir más lejos, cuando el pequeño Camilo no dejaba de llorar quejándose de dolor, a él le pareció insoportable, y Rocío había decidido ignorar al niño. Bastó una sola llamada para que Hanna saliera corriendo a socorrerlos en plena madrugada.

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