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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 60

—Hanna.

El hombre apareció justo detrás de ella en el supermercado que quedaba en la planta baja de su edificio.

—Yo lo pago.

El rostro de Hanna cambió. Recordó de golpe que él siempre había sabido en qué complejo residencial había comprado su pequeño apartamento de soltera.

Solo que, durante todos los años que duró su matrimonio, él jamás se había dignado a pisarlo.

La alta e imponente figura del hombre se acercó, quitándole de las manos el pesado carrito de las compras.

Este supermercado era exclusivo de la zona residencial, y como el edificio estaba ubicado en una de las zonas más caras de la ciudad, los precios eran exorbitantes. Aún así, la calidad y los productos gourmet atraían a todos los vecinos adinerados del lugar.

Si él tenía tantas ganas de usar su tarjeta, ella no iba a detenerlo.

Era curioso, pero esa era la primera maldita vez que Luciano la acompañaba a hacer las compras.

Si esto hubiera ocurrido apenas un mes atrás, ella se habría sentido la mujer más afortunada del mundo.

Pero ahora, al mirarlo, su corazón no latía ni un poco más rápido; estaba muerto, apagado y frío por completo.

Una vez que pagó, ambos caminaron hacia la salida.

Al alejarse del ruido y la gente, él rompió el hielo, arrastrando las palabras con inusual pesadez:

—¿Podemos hablar un momento?

—Si se trata de Trueno Games, no tenemos absolutamente nada de qué hablar —respondió ella, tajante y serena.

Luciano se quedó helado.

Toda la vida había visto a Hanna como una flor frágil, sumisa y manipulable. En su mente, ella era de esas mujeres que bajaban la cabeza y aceptaban su destino.

Tenía el alma dulce.

Pero la mujer que tenía enfrente no era la de antes.

Se había despojado de esa mansedumbre.

En su lugar, emanaba una resiliencia aterradora, un temple de hierro.

Una agudeza tan afilada que podía rebanarle el ego en dos.

Ese cambio tan radical e inesperado... Luciano lo sentía calándole los huesos.

Esa dulce esposa a la que podía pisotear sin consecuencias había desaparecido para siempre.

Un extraño pánico empezó a retorcerse en su estómago.

Esa frase tan fría y contundente, "nada de qué hablar", lo dejó profundamente descolocado.

¿Cómo era posible que no tuvieran nada de qué hablar? ¡Si hasta hacía nada ella lo idolatraba de forma enfermiza!

Capítulo 60 1

Capítulo 60 2

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