Al escuchar sus palabras, Hanna se limitó a soltar una risa fría.
Sabía perfectamente que Luciano Larios solo quería que ella cediera temporalmente por el bien de sus intereses corporativos, y por eso intentaba engatusarla apelando a un supuesto amor matrimonial.
Pero cuando se trataba de Rocío, él era capaz de mover cielo y tierra para apoyarla. Para asegurar el éxito de esa mujer, le había transferido repetidamente sus empresas principales. En esos momentos, jamás se le ocurrió decir que Rocío no valoraba sus sentimientos.
Incluso si esa mujer despilfarraba toda su fortuna, Luciano no emitía ni una sola queja. Sin embargo, Hanna tenía que ser la tonta útil, la que limpiara los desastres provocados por Rocío. Y para colmo, no podía exigir nada a cambio, porque si lo hacía, la acusaba de ser fría y calculadora.
¿Cómo era posible que antes no se hubiera dado cuenta de lo manipulador que era Luciano?
La risa de Hanna resonó en los oídos del hombre a través de la línea.
Sonaba a carcajadas, pero poco a poco, esa risa se rompió hasta convertirse en llanto.
Ella se limpió las lágrimas con el dorso de la mano.
—Luciano, nuestros sentimientos en este matrimonio siempre fueron unilaterales. Fui la única que dio todo, la única que te amó incondicionalmente. Pero ahora... creo que ya no te amo.
Luciano se quedó paralizado.
—¿Qué estás diciendo?
—Dije que ya no te amo —respondió Hanna con absoluta claridad.
Luciano no podía creerlo. ¿Cómo iba a ser posible?
¿Cómo podía Hanna dejar de amarlo?
Un repentino remordimiento lo invadió.
Recordó la noche de la gala; admitía que había dicho muchas cosas crueles para lastimarla.
—La noche de la cena vi que te comportabas de manera muy íntima con Julián Serna —se justificó Luciano—. Hablé sin pensar, dije cosas que no debí decir, pero tienes que entenderme. No soporto la idea de que mi mujer le genere cientos de millones a otro hombre. Además, ni siquiera te he reclamado por renunciar sin previo aviso para irte a la empresa de alguien con quien coqueteas. ¿Acaso me respetaste como tu esposo?
Luciano bajó la mirada, frustrado. Empezó a sospechar que Hanna había sido embrujada por Julián Serna y se había enamorado de él, pero rápidamente descartó la idea. Hanna lo había amado durante demasiados años.
Amarlo era ya un hábito arraigado en ella.
Seguramente solo lo decía por despecho. En cuanto pasara un tiempo y se le bajara el coraje, se daría cuenta de que él era su mayor respaldo, la cima inalcanzable a la que podía aspirar, y naturalmente volvería a su lado para seguir sacrificándose por él.
Pero antes de eso, tenía que resolver la crisis inminente.
—De acuerdo —respondió él secamente. Dejó a Hanna frente al edificio de su empresa y arrancó el auto de inmediato rumbo al Corporativo Larios para preparar los documentos. No quería seguir discutiendo.
Tenía miedo de que ella volviera a repetir con tanta firmeza que ya no lo amaba.
La junta de accionistas comenzó a la hora acordada. Siguiendo las instrucciones de Luciano, Mauro había preparado un expediente que fue entregado a cada uno de los presentes.
Al abrir los documentos, los accionistas no pudieron ocultar su asombro.

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