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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 89

Hanna sintió un nudo amargo en la garganta. Para empezar, ni siquiera quería estar ahí.

Había sido Luciano quien la obligó a ir para guardar las apariencias frente a los ancianos.

Y al final, él mismo provocaba esta situación humillante.

—Abuela, ¿no cree que le está dando demasiada importancia? Que Luciano y yo lleguemos por separado no afecta en nada a la familia.

Doña Úrsula miró a Hanna con una decepción profunda y venenosa.

Las voces que había escuchado por el teléfono seguían resonando en su cabeza. A sus casi ochenta años, y habiendo vivido en carne propia los escándalos de su propio hijo, Humberto Larios, sabía identificar perfectamente lo que estaba pasando.

La anciana miró fijamente a Hanna con desprecio.

—Hanna, llevas cinco años casada y eres incapaz de amarrar a tu propio marido.

—¿Acaso quedaste inservible después de aquel aborto? Cinco años y ni un solo hijo has podido darle a esta familia.

—Dime, ¿para qué sirves entonces? ¿No sabes cómo complacerlo? Si el problema es médico, hoy en día hay tratamientos para todo. Pero no puedes quedarte de brazos cruzados haciéndote la mártir. Deberías rogarle, deberías atenderlo como es debido, hacer que se sienta el rey de la casa.

—Si fueras una esposa de verdad, Luciano jamás te habría dejado en ridículo de esta manera.

—Eres patética. Una mujer que no sabe mantener a su hombre es un fracaso. A veces pienso que estarías mejor muerta.

—Cinco años de matrimonio y ni siquiera quiere subirse al mismo auto que tú. Es obvio que te aborrece. Si esa mujercita te está pisoteando el orgullo, te lo tienes bien merecido por inútil.

Las palabras de la anciana caían como cuchillos, una tras otra.

Hanna escuchó cada uno de esos insultos en silencio.

Capítulo 89 1

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