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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 92

Hanna apartó la mirada y no hizo el menor esfuerzo por acercarse a recibir a Rocío. Simplemente se dio la media vuelta y entró a una pequeña sala de estar para servirse agua.

Pero, de repente, sintió un escalofrío recorrerle la nuca. Al girarse, vio que Rocío la había seguido y la estaba observando fijamente.

Había una mezcla de oscuridad y envidia en sus ojos.

Le hervía la sangre de envidia al ver que Hanna podía ostentar el título de Señora Larios y actuar como la futura matriarca de la familia, recibiendo a los invitados con tanta naturalidad.

Hanna la ignoró por completo.

En ese instante, Luciano entró a la sala buscando a Hanna para comentarle algo sobre el evento, pero se topó de frente con Rocío.

El rostro de Luciano cambió sutilmente. Su relación con Rocío había sido investigada a fondo por Don Ricardo cuando este lo estaba considerando como el heredero principal del imperio Larios.

Por esa razón, él le había dejado claro que no quería que asistiera. Pero antes de que pudiera decir una palabra, la voz melosa y delicada de la mujer lo interrumpió.

—Lucho...

Ignorando olímpicamente a Hanna, Rocío le lanzó una mirada llena de desprecio a su rival y, con total descaro, entrelazó su brazo con el de Luciano.

Se aferró a él como si ella fuera la verdadera esposa y Hanna no fuera más que una empleada de servicio de la mansión.

Luciano, consciente de lo inapropiado que era eso en un evento de tal magnitud, se soltó con disimulo y le preguntó en voz baja:

—¿Qué haces aquí?

—Hoy es el cumpleaños del abuelo, ¿cómo iba a faltar? —respondió ella, con una sonrisa inocente.

Rocío no solo seguía fingiendo que Hanna era invisible, sino que miraba a Luciano con unos ojos cargados de devoción.

—Lucho, vine con tu prima Tatiana —añadió, acariciando la manga del saco de él—. De verdad me hizo muy feliz que le pidieras a tu prima que me acompañara a Inglaterra. No tenías que pedirle que me cuidara, hicimos clic de inmediato y nos llevamos de maravilla.

Al escuchar eso, Hanna supo exactamente de quién hablaba.

Tatiana Soler. Era prima hermana de Luciano por el lado materno. De todos los parientes de esa generación, ella era la única con la que Luciano mantenía una relación cercana.

Ese día, Tatiana llevaba puesto un vestido de estampado de leopardo. Siempre le había gustado llamar la atención y, a decir verdad, tenía con qué hacerlo. Medía 1.78 y, con sus tacones de diez centímetros, le sacaba más de media cabeza a casi cualquier mujer del salón.

Capítulo 92 1

Capítulo 92 2

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