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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 97

Sin esperar respuesta, Rocío se empinó su copa y se tomó el vino de un solo trago.

Hanna la miró con una sonrisa que no le llegó a los ojos.

*¿Grandes amigas...? ¿De verdad esta mujer cree que soy estúpida?*

Como era de esperarse, Hanna no hizo el menor amago de levantar su copa.

Al ver que no bebía, Rocío empezó a ponerse nerviosa. Subió el tono de voz y, haciéndose la ofendida, armó un teatro:

—¡Hanna, te lo digo de corazón! ¿Acaso sigues ardida por lo que pasó hoy? ¿De verdad eres tan poca cosa que no puedes superar un simple brindis?

Hanna soltó una risita suave. Tomó la copa de vino tinto y se la llevó a los labios, bebiéndola hasta el fondo.

Un destello de pura perversidad brilló en los ojos de Rocío.

—Ya bebí el vino. Tengo cosas que hacer, así que me retiro. Adiós —dijo Hanna, dándose la vuelta de inmediato.

La mirada de Rocío se oscureció.

Comenzó a seguirla a paso lento, manteniendo la distancia.

Aunque el abuelo Don Ricardo no la había insultado directamente, para Rocío, el hecho de que la hubiera ignorado era la peor de las humillaciones. Le hervía la sangre pensar que Hanna sí tenía la aprobación del patriarca y ella no. Perder ante una mujer como Hanna era algo que su ego no podía soportar.

Y luego estaba lo que pasó la otra noche. Cuando Luciano descubrió que era ella quien estaba en la cama y no Hanna, se enfureció. El hombre estaba claramente excitado, pero prefirió arreglárselas solo antes que tocarla. Esa humillación seguía clavada en su pecho.

El resentimiento de Rocío había llegado a un punto sin retorno. Iba a destruir a Hanna costara lo que costara.

Había conseguido un afrodisíaco fuertísimo en el mercado negro y lo había vaciado en la copa de vino de Hanna.

Su plan era perfecto: cuando Hanna empezara a perder el control y no pudiera ni caminar, Rocío fingiría ser la 'buena amiga' que la ayudaba porque se había pasado de copas. La metería a la fuerza en un auto donde un par de matones estarían esperando para abusar de ella, y grabaría cada maldito segundo en video.

Si Hanna alguna vez intentaba levantar la cabeza, le enviaría el video a Luciano para que viera lo 'zorra' que era su esposa.

Y no solo eso, también se lo mandaría a Julián Serna y a Javier Navarro. Quería que todos vieran lo barata y vulgar que era la mujer que tanto protegían.

Rocío casi se ríe en voz alta, fantaseando con el momento en que tendría a Hanna comiendo de la palma de su mano.

Pero, para su sorpresa, Hanna no solo subió las escaleras sin tropezar, sino que dobló el pasillo y siguió caminando como si nada.

Rocío, escondida a unos metros, la vio alejarse. Estaba perfecta. Más normal, imposible.

Capítulo 97 1

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