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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 98

Ese hombre no era otro que Humberto Larios.

Al entrar y ver la escena, se quedó paralizado.

Humberto no entendía absolutamente nada. ¿Qué demonios hacía esta mujer retorciéndose en su cama?

Desde que Luciano se ganó la confianza de Don Ricardo y tomó las riendas del Corporativo Larios, se había negado a darle a su padre un puesto directivo decente. Eso tenía a Humberto de un humor de perros.

Pero claro, sabía que no le convenía ganarse a Luciano de enemigo gratuito.

Decidió que lo mejor era averiguar qué estaba pasando. Frunció el ceño y se acercó a la cama.

—¿Qué haces aquí?

Al verla más de cerca y notar su estado, Humberto abrió mucho los ojos.

—¿Alguien te drogó?

Él había tomado bastante alcohol durante el banquete y sentía que la cabeza le daba vueltas, por lo que había subido a su habitación a descansar un rato.

Pero ante lo que tenía enfrente, su autocontrol se esfumó.

Al segundo siguiente, ya no hubo vuelta atrás.

...

Cuando Humberto finalmente se levantó, estaba agotado y con la boca seca. Agarró una botella de licor que estaba en la mesita de noche y se la empinó sin pensarlo.

Rocío, por su parte, ya se había dado cuenta de que el hombre que la había tomado no era Luciano. Era imposible que fuera él.

Pero no tenía idea de quién era este tipo.

Humberto se quedó mirándola un largo rato, hasta que su cerebro embotado logró procesar un pequeño detalle que no encajaba.

—Oye... ¿quién eres tú realmente? —le preguntó.

Él llevaba décadas saltando de cama en cama en el mundo de la alta suciedad. Era un experto, y su instinto rara vez fallaba.

Estaba cien por ciento seguro de algo: era físicamente imposible que esta mujer hubiera dado a luz alguna vez.

Rocío no dijo ni una palabra. Simplemente le tomó la mano y le besó los nudillos.

Pasó gran parte de la tarde. No fue sino hasta que la cena oficial estaba a punto de servirse que Rocío recuperó un poco de lucidez.

Recordó de golpe a qué había venido. Se metió corriendo al baño, se limpió como pudo, se arregló el vestido y se escabulló de la habitación.

Mientras caminaba por los pasillos, el odio hacia Hanna le hervía en la sangre. La maldijo de mil formas distintas en su cabeza.

¡Por un momento de distracción, esa maldita le había arrebatado lo más valioso que tenía!

Rocío había resistido infinidad de tentaciones durante años, guardando celosamente su 'primera vez'...

¡Y la había perdido así, de la forma más estúpida, con un completo desconocido!

Cuanto más lo pensaba, más le faltaba el aire. Estaba al borde del colapso.

Esa 'primera vez' era su carta bajo la manga, su arma secreta para atrapar definitivamente a Luciano.

Capítulo 98 1

Capítulo 98 2

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