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Tus Besos Me Supieron a Traición romance Capítulo 1

—¡Ah, mudita, cómo te atreves a morderme!

Estefanía Jiménez salió de la oficina justo a tiempo para ver a su hija mordiendo el brazo de un niño sin soltarlo.

Asustada, corrió hacia ellos de inmediato: —Pompón, no muerdas.

Pompón soltó su agarre y la miró con cara de aflicción. Se señaló la boquita y sacudió la cabeza desesperadamente, con los ojos llenos de lágrimas. Parecía querer decir: No soy una mudita.

Estefanía le acarició la cabeza con el corazón encogido. —Mamá sabe que te hicieron sentir mal, pero morder sigue estando mal. Vamos a revisarle la herida al niño, ¿sí?

Aunque Pompón seguía sintiéndose ofendida, asintió en señal de acuerdo.

Después de calmar a su hija, Estefanía dirigió por fin la mirada hacia el niño.

Justo cuando iba a ofrecerle unas palabras de consuelo, vio un rostro que anhelaba día y noche.

El niño que tenía delante era su hijo: Fabio Pérez.

El rostro de Estefanía se paralizó al instante, y las palabras de consuelo se le atoraron en la garganta.

En su mente volvieron a aflorar las imágenes de hacía varios años.

Su hijo la fulminaba con una mirada de asco. —Tú, mujer mala, vete de una vez, ¡no vuelvas nunca! Ya no te reconozco como mi mamá. Quiero que Viviana sea mi mamá.

Las palabras de su hijo durante el divorcio habían sido la gota que colmó el vaso para Estefanía.

Ser traicionada por el esposo que tanto amaba ya le dolía lo suficiente, pero jamás imaginó que hasta el hijo que más adoraba la rechazaría.

Estefanía no sabía cómo había logrado salir de la casa de la familia Pérez en aquel entonces.

Solo sentía que el pecho se le helaba más que el peor de los inviernos.

Y palpitaba con un dolor insoportable.

Cuatro años después, madre e hijo volvían a encontrarse.

Decir que no estaba nada emocionada sería una mentira.

Sin embargo, no vio ni rastro de nostalgia en el rostro de su hijo; al contrario, la miraba con un profundo desprecio.

Exactamente igual que cuando la echó de su lado.

Fabio no se acobardó y levantó la barbilla. —No lo es. Es una mujer mala. Ella me abandonó por esta mudita, jamás la llamaré mamá.

—Fabio Pérez, ¿quieres que te castigue? ¡Pide perdón!

Esa advertencia asustó a Fabio, quien no se atrevió a seguir discutiendo.

Bajó la cabeza, murmuró un lo siento de mala gana y luego se dio la vuelta para salir corriendo hacia el salón de clases.

Sebastián caminó a paso lento hasta llegar al lado de Estefanía, evaluando a Pompón con la mirada. —¿Es tu hija?

Estefanía había pensado que, al regresar a esta ciudad, tarde o temprano se toparía con Sebastián.

Pero jamás imaginó que sería en unas circunstancias como estas.

Al ver su rostro y escuchar su voz, Estefanía sintió como si volviera al día en que se fue de la familia Pérez.

Ese día, ella acababa de regresar del hospital con la intención de contarle a Sebastián que estaba embarazada, pero antes de que pudiera abrir la boca, él le entregó los papeles de divorcio.

En aquel momento, no podía creerlo; pensó que el hombre le estaba jugando una broma.

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