Las bolsas de aire estallaron de inmediato. Adrián vio todo volverse negro y perdió el conocimiento al instante.
Cuando finalmente despertó, se encontraba en una cama de hospital.
Intentó moverse y notó que tenía múltiples raspaduras, pero, afortunadamente, ningún hueso roto.
Un médico terminaba de vendarle un corte.
—¿Despertó, señor Caballero? —El doctor soltó un suspiro de alivio al verlo abrir los ojos—. Es usted muy afortunado. Solo son heridas superficiales y una conmoción cerebral leve. Estará bien con un par de días de reposo.
Adrián hizo el amago de incorporarse, pero el médico lo detuvo apoyándole la mano en el pecho: —Por favor, no se mueva. Aún no termino con las curaciones.
—¿Cómo está el conductor que venía conmigo? —preguntó Adrián.
—El chofer sufrió lesiones un poco más serias; tiene un brazo fracturado, pero está fuera de peligro —respondió el doctor sin dejar de trabajar—. Señor Caballero, ¿desea que llamemos a su familia?
Adrián estaba a punto de responder cuando la puerta de la habitación se abrió.
Ofelia entró vestida con su bata blanca, sosteniendo una historia clínica. Al ver a Adrián recostado en esa cama, se quedó paralizada por una fracción de segundo.
Adrián también se quedó helado.
No esperaba encontrársela allí.
¿Acaso ya estaba trabajando como doctora en ese hospital?
—Doctora Ríos, este es el paciente Caballero, el que ingresó por el accidente de tránsito.
Ofelia recuperó rápidamente la compostura. Caminó hasta el borde de la cama y revisó la historia clínica:
—Señor Caballero, ¿cómo se siente? ¿Le duele alguna parte en específico?
Adrián, viéndola actuar de forma tan fría y profesional, sintió unas ganas incontrolables de provocarla un poco.
—Me duele la cabeza.
—Es lo esperado. Consecuencia de la conmoción cerebral leve.
—También me duele el corazón.
—Si hay dolor cardíaco, programaré una evaluación completa y electrocardiograma.
—La verdad... me duele todo el cuerpo.
—Si le duele todo el cuerpo, señor Caballero, le sugiero que llame directamente a la funeraria para que lo incineren. Problema resuelto.
Adrián se llevó la mano al pecho, fingiendo estar profundamente herido por su comentario, y la miró con cara de tragedia.

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