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Un Adiós y Un Arrepentimiento a 30,000 Pies de Altura romance Capítulo 155

—Cuando me enteré de que Adrián había tenido un accidente, no pude evitar venir a verlo. —Sofía adoptó una expresión de pura inocencia—. La verdad, me siento terriblemente culpable.

Luego, como quien no quiere la cosa, cambió el tono de su voz: —Si no fuera porque Adrián insistió en ir a inspeccionar ese terreno que me compró, nada de esto habría pasado...

Ante la evidente y burda provocación de Sofía, Ofelia ni siquiera se inmutó.

Solo pensó en lo patético que era Adrián. Dispuesto a tirar millones por la borda e incluso arriesgar su propia vida por la mujer que amaba.

Comparado con lo que hacía por ella, todo era un chiste. Ese estúpido esfuerzo de comprar Villa Alborada y contratar a César debió ser, sin duda, una orden directa de la abuela.

—Gracias a Dios que no le pasó nada grave a mi Adrián, de lo contrario no sé qué haría. Me moriría de dolor.

Ver a Sofía fingiendo tanta aflicción le pareció simplemente ridículo a Ofelia.

Ese imbécil de Adrián se negaba a firmar el divorcio con ella, pero al mismo tiempo seguía enredado con esta intrusa.

Todos los hombres eran la misma porquería.

¡Siempre quieren tener lo que no les pertenece!

—Doctora Ríos, le agradezco en nombre de Adrián que lo haya atendido tan bien.

—¿Y exactamente bajo qué título me das las gracias? ¿Como la ex o como la amante? —disparó Ofelia, con una frialdad cortante.

Sofía no esperaba que Ofelia le soltara semejante insulto a la cara sin ningún filtro. Palideció de inmediato, pero rápidamente ocultó su odio venenoso detrás de una máscara de dolor.

—Doctora Ríos, ¿cómo puede usar palabras tan horribles?

—Créeme, puedo usar palabras peores. ¿Quieres probar? —Ofelia la miró con absoluto desdén—. Sofía Varela, ubícate de una vez. Y deja de venir a buscarme para hacerme perder el tiempo. Yo no soy el estúpido de Adrián, ni soy Thiago Reyes.

Tras dejarle clara la advertencia, Ofelia se dio media vuelta y la dejó con la palabra en la boca.

Observando cómo se alejaba, Sofía apretó los puños con tanta fuerza que se clavó las uñas.

Había calculado que Ofelia explotaría y armaría un escándalo, lo cual le habría dado la excusa perfecta para hacerse la víctima frente a Adrián.

Pero Ofelia nunca reaccionaba como ella esperaba, y eso la sacaba de sus casillas.

Seguramente esa cualquiera se creía con derecho a hablarle así solo porque aún no habían firmado el divorcio. Quería ver si sería tan valiente cuando Adrián finalmente la echara a la calle.

Intentando componerse, Sofía adoptó nuevamente su expresión de niña asustada y empujó la puerta de la habitación de Adrián.

—¡Adrián, amor! ¿Estás bien? ¡Casi me muero del susto cuando me dijeron lo del choque!

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