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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 702

EN MI PRÓXIMA VIDA. CAPÍTULO 13. Ser egoísta

Kim Russell se sentó en el asiento del copiloto de aquel auto de lujo que pertenecía a su marido. No podía decir que era un mal hombre, aunque era cierto que a veces su temperamento lo hacía perder el control, pero habría sido injusto decir que no se preocupaba por ella.

El problema era que después de seis años y sabiendo todo lo que estaba por venir, lo único que Kim quería era ser exactamente eso que Peter le había dicho: Quería ser egoísta, quería hacer solo lo que la hiciera feliz.

—Percy... quiero el divorcio. —Fueron las únicas palabras que salieron de su boca y aquel auto frenó con tanta fuerza que casi derrapó fuera de la carretera.

La expresión de su esposo era entre incrédula y anonadada mientras se giraba hacia ella y la miraba como si acabara de crecerle otra cabeza.

—Kim ¿qué estás diciendo? ¿Te volviste loca? —la increpó con tono frustrado—. ¿Cómo que divorciarnos?

La muchacha cerró los ojos con expresión cansada y negó con suavidad.

—No tiene sentido... Sabes que no tiene ningún sentido seguir con nuestro matrimonio, Percy. Tú eres increíble, pero yo... Sabes que así no era como tenían que ser las cosas. Lo mejor para los dos es separarnos.

Del lado del conductor solo se escuchó un gruñido de impotencia y su esposo volvió a encender el auto para tomar la carretera sin siquiera mirarla. Pasaron dos horas más de absoluto silencio antes de que por fin llegaran a su destino, y Percival McKennett salió de aquel auto con el mismo temperamento de un maldito huracán.

—Entra a la casa —fue lo único que le dijo y Kim respiró profundo porque sabía que tenía una larga y difícil conversación por delante, pero era aun más difícil tenerla con alguien que no quería interactuar.

La siguiente semana fue una total pérdida de tiempo. La única razón por la que su esposo se dirigía a ella era para darle el saludo de buenos días y unas educadas “buenas noches” antes de irse a dormir.

Hacía tiempo que tenían habitaciones separadas, y hasta ese minuto, la única razón por la que Kim no se había atrevido a marcharse era por miedo, pero a veces era demasiado evidente que los dos sabían que no había nada que salvar.

Estaba encerrada en su cuarto uno de esos días, mirando por la ventana de la mansión cuando vio algo que llamó su atención lo suficiente como para querer fotografiarlo, sin embargo en ese mismo segundo se dio cuenta de que su cámara estaba completamente descargada, porque ni siquiera la había tocado después de regresar del Pico Skatgan.

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