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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 701

EN MI PRÓXIMA VIDA. CAPÍTULO 12. Lo mejor del mundo

Hubiera preferido que alguien lo golpeara. Literalmente hubiera preferido que alguien le encajara un puño en medio de la nariz antes de ver cómo otro hombre besaba a aquella mujer. Era evidente que eran pareja y pareja oficial, pero quizás lo peor de todo era ver el anillo de bodas en el dedo de ese hombre.

¿Por qué ella no llevaba uno? ¿Por qué demonios ella no llevaba una sola maldit@ marca de que no era libre...? Y ese solo pensamiento lo hizo entender por qué, precisamente por eso, por las marcas, no llevaba cadenas ni aretes ni anillos precisamente porque le dejaban marcas.

—¡Kim, mírame! ¿Estás bien? —preguntó el hombre mientras ella intentaba retroceder inútilmente.

—Estoy bien, estoy bien, solo nos atoramos por unos días en una tormenta, pero eso fue todo —respondió pasándose la mano por el cabello y solo en ese momento su esposo miró hacia Peter.

—¿¡En una tormenta?! ¡¿De qué estás hablando!? ¡Llegué aquí buscándote, ni siquiera pudieron decirme dónde estabas! ¡Me cansé de llamarte a tu celular, Kim! ¿¡Que hacías en una tormenta… en dónde...?!

—En el Pico Skatgan —respondió ella en voz cansada.

—¿En el Pico Skatgan…? ¿Cómo...? ¿¡Pero cómo se te ocurrió ir ahí, Kim!? ¡Sabes que no puedes estar haciendo esas cosas! ¡¿Y cómo demonios no se te ocurrió avisarme?! ¡¿Tienes idea de lo preocupado que he estado...!? —exclamó con frustración y Peter sintió que de verdad estaba sobrando en aquel paisaje.

Retrocedió en silencio y dejó a aquella pareja intentando discutir con tonos controlados mientras él desaparecía por uno de los corredores adyacentes.

El corazón le bombeaba como si fuera un caballo de carreras, y en su estómago algo cosquilleaba, como si no fuera capaz de creer todavía que aquella mujer con la que había pasado los últimos días estuviera casada.

Se fue directamente a su habitación y se dio un baño, recogiendo su ropa a toda prisa porque de verdad ya no tenía nada que hacer en aquel lugar. Se había saltado una de las competiciones del campeonato, así que había quedado descalificado para la siguiente ronda, y no tenía ganas de explicarle a nadie cómo ni por qué, porque no esperaba ningún favoritismo.

Localizó a Mauro, que había estado escondiéndose en uno de los bares, y su primo le aseguró que el helicóptero estaría listo para volver a despegar en una hora, de ahí se iría al aeropuerto y luego a donde diablos quisiera ir.

Sin embargo en el mismo momento en que Peter se echó su bolsa al hombro y abrió aquella puerta, una figura lo dejó paralizado.

No habría sido extraño encontrarse al marido de Kim Russel listo para romperle la cara, pero en lugar de eso estaba ella, bañada, cambiada y más tranquila de lo que se podía esperar.

—¿Te vas? —Los ojos de la muchacha se concentraron por un segundo en la mochila que llevaba al hombro.

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