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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 900

REGLA #1. CAPÍTULO 1. Una decisión impulsiva

El corazón de Mariel parecía a punto de estallar, aquello parecía completamente irreal, incluso para la locura natural de su prima. Sin embargo esa pregunta que estaba en la mente de todos, Cameron fue el primero en hacerla.

—Dandara, ¿esto fue...? ¿Esto no es de verdad? —la increpó—. ¿No te ibas a casar con él en serio? ¿Todo esto fue una... una trampa o algo así?

Pero a su lado, Leon carraspeó y lo palmeó en el hombro, sacando una pequeña caja de su traje para entregársela.

—Yo lo llamaría más bien “estrategia” —apuntó—. Creo que ya has escapado de esta señorita durante demasiado tiempo, no podíamos permitir que siguiera siendo así. Por tanto, amigo mío (y te digo "amigo" porque te garantizo que, a partir de ahora, voy a ser tu persona favorita), te aconsejo que tomes este anillo y aproveches los pocos segundos que te quedan para hincar una rodilla en el suelo y pedirle a esta hermosa mujer que se case contigo, porque alguien definitivamente va a firmar el acta de matrimonio hoy, y todos preferimos que seas tú.

Mariel cubrió su boca con una mano, como si sintiera que todos podrían escuchar el latido acelerado de su corazón a través de sus labios entreabiertos. Por el breve tiempo en que aquella ceremonia se realizaba se mantuvo en silencio, pero de cuando en cuando sus ojos iban hasta Leon, que parecía completamente cómodo con aquella decisión.

Sin embargo Mariel sentía que necesitaba más respuestas, reales, lógicas de por qué estaba pasando aquello, y las obtuvo cuando casi al salir de aquel juzgado Dandara se giró hacia Leon.

—Oye… ¿de verdad vas a estar bien? —le preguntó con expresión preocupada.

—Claro que sí. Llevo mucho tiempo evadiendo esta responsabilidad. Y la verdad es que hubiera preferido hacerlo con una amiga pero si no se puede… —respondió él encongiéndose de hombros con resignación.

—¿Con una amiga? ¿A qué se refiere? —preguntó Cameron y la familia alrededor prestó atención porque a chismosos no les ganaba nadie.

Mariel pasó saliva y se acercó un poco también, intentando camuflarse en la curiosidad general.

—Leon tiene que casarse para obtener el título de su familia. No es que le haga falta, pero su padre no está en el mejor estado de salud —les explicó Dandara.

—Aquí tu nueva esposa y yo teníamos un amistoso trato en el que ella iba a apoyarme, hasta que se le ocurrió derretirse otra vez por el gran amor de su vida —rezongó Leon como un niño enfurruñado—. ¿Y ahora de dónde demonios voy a sacar una mujer para casarme?

Mariel sintió que las manos le temblaban. No tenía tiempo. Ni un solo instante. Las decisiones de su vida, cada una, habían sido lentamente analizadas porque después de todo, ella era una buena chica en todos los sentidos. Pero ahora lo único que le quedaba era una decisión impulsiva.

—Bueno… —balbuceó con timidez y por supuesto que nadie la escuchó.

—Una que no me dé problemas, que no esté detrás de mi dinero ni intente desplumarme en un divorcio —advirtió Leon describiendo a la esposa que necesitaba—. ¡Y sobre todo que sea amable y dulce… no como Dandara, porque esa seguro que me llevaba a punta de escobazos pero…!

—Bueno… —Mariel rara vez alzaba la voz más allá de un susurro y casi nunca daba su opinión, así que no era extraño que nadie la escuchara—. Este… disculpen…

Y como la familia estaba discutiendo a viva voz cómo podían ayudar al amable y galante señor Rostchild para que llegara a ser tan conde como su padre, no le quedó más remedio que abrirse paso entre sus primos y tíos y acercarse a Leon, tirando de la manga de su traje suavemente.

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