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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 145

Ser una trabajadora común a tiempo completo, investigadora privada en horas libres y una recién casada con un marido como el mío, no es sencillo. No es simple ser Marianne Belmonte en la actualidad, aunque nunca lo ha sido. Sin embargo, lo he logrado a mi ritmo. La muestra más fehaciente de ello es que esté aquí en la primera fila de la inauguración de New Century.

Detrás de mí hay más personas sentadas para este evento de apertura, mientras que a los costados los reporteros están tomando fotos a quien está hablando en la tarima. Que es Mateo, él lleva algunos minutos hablando sobre las grandes expectativas de este centro comercial y su visión a futuro.

Lo ha hecho muy bien, puedo ver el rostro de satisfacción de su propio padre que está sentado a unos puestos de mí, por igual de Ernesto. Quien también está de un excelente humor es Sergio, que insistió en que me sentase a su derecha en lugar de Andrew que estuvo a dos segundos de hacer un berrinche por ello.

Mateo finaliza con su discurso demostrando que es un buen orador, y los aplausos son dados. Así como invita a los presentes a un lado, a la gran entrada del sitio. Nos movemos para que él junto con su padre corten la cinta roja y den paso a este gran proyecto.

Muchos más flashes rebotan de sus rostros y los aplausos no paran de llegar. Sergio no espera ni una pedida y media para ir a tomarse fotos con los Nichols. Estoy burlándome en mi mente de lo mucho que le gusta ser el centro de atención, pero un escalofrío extraño me recorre la piel.

En medio de toda esta gente para la que debía ser una trabajadora uniformada más de Belmonte Raíces, siento que me miran. Giro la cabeza para verlo entonces, hay un hombre con gorra y cubre bocas que me está mirando.

Nuestros ojos se conectan, y en lo que lo hacen desvía su mirada. Se marcha en un sentido opuesto. En lugar de entrar por la gran puerta como el resto está haciendo, decido ir en contra de la corriente y seguir al hombre de rostro familiar.

Camino opuesta a la marea de gente para no perderme el rastro de ese hombre. Puedo hacerlo por un rato durante su camino al ala izquierda de la fachada del centro comercial. Es de día, hay personas alrededor y el estacionamiento está a su máxima capacidad, no me siento en riesgo. Mas esta sensación de agitación es inevitable.

Estoy pisando sus pasos, hasta que él gira en una esquina. Al hacerlo yo también, lo imito… y… no lo encuentro. Miro a mis lados con gente pasando con normalidad.

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