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Un contrato inesperado con mi jefe romance Capítulo 82

Controlo mi respiración y mantengo mi cuello inerte. No tengo que ser obvia con mi sentir interno, no tengo que dejar en evidencia los nervios efervescentes que me están dominando actualmente. ¿Por qué estoy nerviosa? Porque estoy viendo cómo el portón gigante de la famosa mansión Brown se está abriendo, todo ello desde este asiento trasero en compañía de Luciano.

El fin de semana llegó más rápido de lo que espere, y la facilidad que es tener dinero, agilizo que volásemos como si cruzar un océano, fuese más bien un paseo a la playa de la esquina. He mantenido mi “actitud molesta y distante” durante la semana, también en el viaje en avión. Debí ser la compañera más aburrida de vuelo que Luciano haya tenido, pero no me arrepiento.

De lo único que me estoy arrepintiendo es de haber venido a este sitio. Mientras más avanzamos más profundizamos en el verde del bosque, y mientras más avanzamos más nítidas se hacen las proporciones de una casa que pareciera sacada de un libro de historia.

No es una mansión cualquiera puedo destacar, las torres, las escaleras de bienvenida, las interminables ventanas y la cantidad de personal que veo trabajando en el jardín, son abrumadores.

—¿Es impresionante la primera vez que le conoces, no? — pregunta Luciano inclinándose a mi lado.

—Un poco… — digo fingiendo aburrimiento.

Luciano se sorprende ligeramente con mi respuesta que es una actuación. Por supuesto, que estoy impresionada, estoy que tiemblo detrás de mi fachada.

—Esta tierra ha sido de la familia por siglos, son hectáreas y hectáreas de bosque. Zoólogos, conservacionistas, historiadores, arquitectos, todos hacen fila para dejarlos acceder a la propiedad. Algunos hasta vienen de otros continentes. ¿Y a ti te parece “un poco” impresionante? — él suena “un poco” ofendido.

—No sé qué quieres que te diga. Es una mansión histórica bonita, como cualquier otra de la zona ¿no? — pretendo desinterés cuando en realidad se me está saliendo el corazón del pecho al ver un par de caballos sueltos — ¿Esos caballos, son de aquí?

Luciano se contagia de mi desinterés y ve adormilado hacia los caballos. Como si fuese normal tener caballos en tu casa. No es normal, esos caballos no son normales, uno es blanco inmaculado, y el otro es negro profundo.

—Leandro ama los caballos y el polo. Se cansó de tener a los de la familia lejos y construyó una caballeriza recientemente — explica.

—Leandro, el primo menor que quedó administrando esta propiedad después de que murió la abuela Leonor ¿cierto?

—Exacto. Leandro es un ñoño que cree en el amor, y las reconversiones milagrosas por amor. Tienes que ser especialmente cariñosa conmigo cuando estemos en su presencia. Su opinión es la más importante en esa casa. Ama los caballos, a sus hijos, y a su esposa, Lucía. A Lucía invéntale cualquier acto de caridad con viejos, niños o pobres, fue enfermera, ese es su punto débil. Así te la ganarás.

Anoto en mi mente los datos importantes que me está dando Luciano. Tenía que ganarme a mi familia política. Ya lo había determinado a este nivel. Si los Brown eran lo que me había dicho Luciano, y si Luciano era quien tenía en mi mente, el matrimonio continuaría. De lo contrario, si hubiese inconsistencias, lo dudaría.

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