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Un Matrimonio Sin Contacto, Una Despedida Sin Lágrimas romance Capítulo 374

Nora retomó la conversación con ella:

—Amelia, ¿cuáles son tus planes para estos días?

Amelia dejó el vaso de agua sobre el mantel y contestó con formalidad:

—Entro a trabajar al Grupo Stardale en un par de días. Todo el papeleo quedó listo y por ahora quiero centrarme al cien por ciento en mi carrera.

—El trabajo es fundamental —asintió Nora, antes de que un brillo de curiosidad le encendiera la mirada—. ¿Y en los asuntos del corazón? ¿Has pensado en salir con alguien de nuevo? La verdad es que Ethan nunca me cayó en gracia. Si no tienes a nadie en mente, ¡yo misma te presento a varios prospectos! Te garantizo que te consigo hombres que le dan mil vueltas a ese tipo para que escojas al que quieras.

La propuesta la tomó tan desprevenida que se atragantó con la comida. Antes de que pudiera recuperar el aliento, un vaso de agua tibia se plantó frente a ella. Con el rostro encendido por la tos, tomó el vaso sin fijarse y bebió varios tragos largos hasta que el líquido templado le alivió la garganta.

—Gracias... —soltó con dificultad al apoyar el cristal en la mesa.

Solo entonces cayó en la cuenta del silencio sepulcral que reinaba en el comedor: Nora y Evan la contemplaban con expresiones desconcertadas. La mente de Amelia se puso en blanco absoluto al percatarse del error: ¡había bebido con total familiaridad del vaso personal de Mason, y lo había hecho frente a todos sin pensarlo dos veces! Estaba frita.

—Yo... es que no me fijé...

Antes de que pudiera inventar una excusa, Nora la interrumpió, mirándola con fijeza:

—Amelia, mírame a los ojos y dime la verdad: ¿tienes novio?

El tiempo pareció congelarse. A Amelia le retumbaba el pecho; sabía que era el momento decisivo y que bastaba con asentir para poner las cartas sobre la mesa. Desde el otro extremo, alcanzaba a percibir la mirada penetrante de Mason aguardando su respuesta con una expectativa sutil.

Pero el viejo temor la asaltó en el peor instante posible: se acobardó. Como un globo que se desinfla de golpe, eligió la salida más cobarde:

—...No.

Agachó la cabeza, con la culpa goteando en cada sílaba. En cuanto soltó la negativa, sintió cómo la mirada al otro lado de la mesa se tornaba afilada como navaja.

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