Frida acababa de regresar de hacer las compras cuando vio a su hija parada en la puerta, completamente empapada. Preocupada, se acercó de inmediato.
—¿Penélope? ¿No deberías estar en la universidad? ¿Por qué regresaste tan temprano?
—¡Dios mío, estás empapada de pies a cabeza! Rápido, entra para que te cambies de ropa.
Frida sacó las llaves, abrió la puerta a toda prisa y la hizo pasar. Al ver la expresión perturbada de Penélope, se dio cuenta de que algo muy grave había ocurrido.
—¿Qué... qué pasó?
—¿Te peleaste con Raúl?
Penélope se aferró a Frida y rompió en un llanto desgarrador...
Olga recogió su ropa del suelo y se preparó para irse. Cuando Raúl salió del baño, sintió una repentina punzada de ansiedad en el pecho. Había algo que lo tenía inquieto y nervioso. Al salir de la habitación en bata, vio que la puerta principal estaba abierta y frunció el ceño con molestia.
—¿No cerraste la puerta con llave?
Olga miró sus medias negras; estaban tan destrozadas que ya no servían. Estaba a punto de guardarlas en su bolso para llevárselas, pero de pronto se le ocurrió una idea. Con una sonrisa maliciosa, las tiró a escondidas debajo de la cama.
Una vez hecha su maldad, Olga le respondió al hombre:
—Todo es culpa tuya por estar tan ansioso. En cuanto entramos, te lanzaste sobre mí y ni siquiera me diste tiempo de echarle llave.
—¿Qué pasa? ¿Tienes miedo? Tranquilo... a esta hora tu princesita sigue en la universidad. Es imposible que haya regresado.
Después de ponerse sus tacones, Olga caminó hacia la salida. Antes de irse, rodeó el cuello de Raúl con sus brazos y le dio un beso en la mejilla.
—Si me extrañas, ya sabes dónde enviarme un mensaje.
Raúl, impaciente, se apartó de ella con brusquedad. El vacío de ansiedad en su pecho se hacía cada vez más grande. Sin dirigirle una palabra más, regresó a su habitación, tomó su teléfono y le envió un mensaje a su contacto fijado.
*Raúl: ¿Qué quieres cenar esta noche?*
Al ver que no recibía respuesta inmediata, revisó la hora. Eran casi las cuatro de la tarde; faltaba apenas media hora para que terminaran sus clases. Raúl se vistió rápidamente y condujo hacia la Universidad Floranova.
*—Te prometo darte la mejor vida posible. Te amaré para siempre...*
... ¡Todo era una asquerosa mentira!
Frida preparó una taza de té de jengibre para que entrara en calor, temiendo que se enfermara.
Al abrir la puerta, encontró a la chica acurrucada en la cama, temblando. Frida dejó la taza sobre la mesita y se sentó a su lado.
—Penélope, dime la verdad. ¿Alguien te molestó en la universidad?
—¿Y dónde está Raúl?
—¿Él sabe que ya regresaste?
Cuando Penélope levantó la mirada para verla, las lágrimas se desbordaron por sus mejillas de nuevo. Temblaba incontrolablemente. Intentaba abrir la boca para hablar, pero no lograba articular ni una sola palabra. Frida jamás la había visto en un estado tan deplorable, y el pánico se apoderó de ella al instante.
—Penélope... mi niña, no me asustes. ¿Qué fue lo que pasó?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...