Él también se alegraba de que aún hubiera espacio para salvar lo que tenían.
Diez millones a cambio de recuperarla, para Raúl Lozano, valía completamente la pena.
Afuera, empezaba a amanecer.
Penélope Salazar abrió los ojos y se dio la vuelta, dándole la espalda. Podía sentir su respiración rítmica rozando su piel y la mano de él descansando sobre su cintura. Reprimió con todas sus fuerzas el rechazo que sentía su cuerpo, quedándose completamente quieta. Su mente estaba despejada, aunque no sabía exactamente en qué pensaba. No fue hasta que el sol iluminó por completo la habitación que Penélope volvió a quedarse dormida...
Finalmente, Penélope se despertó por el calor. Las cobijas del hotel eran gruesas y su cuerpo pronto se sintió húmedo por el sudor. Se sentó abrazando las sábanas justo a tiempo para ver a Raúl salir del baño. Él se estaba secando el cabello, con una toalla envuelta alrededor de la cintura. Ver su silueta hizo que Penélope se perdiera en sus pensamientos por un instante, y solo cuando distinguió bien sus facciones, su mente volvió a la realidad.
—¿Quieres ducharte?
Penélope asintió, abrazando las sábanas con timidez, sin atreverse a mirarlo.
—Mi ropa...
—No necesitas ropa —dijo Raúl, y antes de que pudiera decir más, ya la había tomado en brazos.
—Tú... no hagas esto.
Para Raúl, ella simplemente era demasiado tímida.
Él sonrió y respondió:
—Ya he visto cada parte de tu cuerpo, no tienes por qué avergonzarte. Tarde o temprano tendrás que acostumbrarte.
Penélope quería pedirle que se fuera, pero al recordar la enorme deuda que tenía con él, ¿qué derecho tenía ella a poner condiciones? Raúl la ayudó a bañarse hasta la mitad, cuando fue interrumpido por una llamada telefónica que lo obligó a irse. Penélope soltó un suspiro de alivio en secreto.
Se enjuagó rápidamente y terminó.
En la familiar y pequeña habitación, ese olor a velas consumidas que se encienden para los muertos parecía no haberse disipado nunca. Al abrir la puerta, Penélope vio esa fotografía de luto en blanco y negro de alguien que se parecía un poco a ella, todavía sobre la mesa. Sin embargo, las veladoras puestas ante ella llevaban mucho tiempo sin ser encendidas por nadie.
—¿Qué se siente ser engañada y luego abandonada?
—Cuando él quería protegerte, podías tener el mundo entero. Pero ahora que te ha abandonado, no eres más que un insecto. El dinero no es nada comparado con la tentación del poder, y eso es exactamente lo que Raúl Lozano no puede darte —resonó una voz desde el pasillo.
Penélope giró la vista y vio a Luis. Llevaba un traje azul rey y ya estaba parado allí. Su mirada seductora tenía un toque de burla, como si se riera de lo ingenua y tonta que había sido ella en el pasado.
—¿Te arrepientes?
—Si no te hubieras negado, si hubieras aceptado el amor que te daba hace dos años... tal vez ahora ya serías la matriarca de la familia Huerta.
—Por no hablar de una simple Maritza Cruz, habría muchísimas personas haciendo de todo para ganarse tu favor.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...