—Me iré al estudio —dijo Liberto.
El estudio estaba separado del dormitorio principal solo por una puerta; quedaba muy cerca.
Quedarse allí solo haría que ella lo odiara más. Era mejor esperar a que se calmara antes de hablar.
Al ver cómo obedecía y entraba al estudio, Rafaela miró su espalda y recordó al Liberto de su vida pasada. También tenía esa misma actitud serena y complaciente, mientras que ella solo sabía gritarle como una desquiciada. Cada vez que interactuaban, nunca era agradable.
*—¿Sabes cuántas veces te llamé? ¡¿Por qué no contestas?!*
*Liberto, que acababa de llegar de un compromiso de negocios, olía a alcohol. Recogió el cojín que ella había tirado al suelo, enfrentándose a su furia y sus reclamos.*
*—Ya te dije que estaba en una reunión y me quedé sin batería.*
*—¡Perfecto! Tú te quedas sin batería, ¿y Joaquín? Te pregunto, ¿por qué cuando lo llamé me dijo que estabas ocupado? Liberto... solo quiero saber qué haces todos los días. ¿Es tan difícil decirme una sola palabra?*
*—¿Acaso quieres que nos divorciemos?*
*—¡Ya basta, Rafaela! —Liberto lucía exhausto. Cuando la miró con esos ojos afilados, fríos y sin rastro de emoción, Rafaela sintió como si un cuchillo le desgarrara el corazón pedazo a pedazo. Lo más temible en un matrimonio es la falta de confianza y el aburrimiento tras tanto tiempo juntos.*
*Ese período coincidió con los seis meses posteriores a la muerte de su padre. Los problemas entre ellos se hacían cada vez más grandes y numerosos.*
*—Tengo asuntos de la empresa que resolver. No tengo tiempo para estar mirando el celular cada segundo y responder a los más de cien mensajes que mandas en una hora.*
*—¡Claro! Te parezco molesta. Entonces iré contigo a trabajar, te seguiré a todas partes. ¡¿Así estarás contento?!*

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...