Entrar Via

Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 1104

Los últimos rayos dorados del sol bañaban las calles despejadas y acariciaban la tez luminosa de Rafaela, envolviéndola en lo que parecía un velo de seda.

Liberto estacionó el auto cerca de la orilla en El Malecón. El viento soplaba fuerte mientras un inmenso crucero se acercaba lentamente a la costa.

—Joven señora, está usted bellísima esta noche —la halagó Mauricio.

Rafaela, aferrada del brazo de Liberto, siempre disfrutaba recibir halagos.

—Cada vez sabes elegir mejor tus palabras, Mauricio.

—Todo está listo. Por favor, joven señora, suba a bordo.

Al subir, descubrieron que el colosal barco estaba completamente vacío, a excepción del personal de servicio. Cientos de rosas formaban una alfombra floral en el suelo, creando un ambiente romántico de ensueño. Los meseros los guiaron hacia un comedor exclusivo, reservado solo para ellos.

Cuando Rafaela se sentó con gracia, echó un vistazo a su alrededor. El enorme espacio estaba impecablemente preparado, y en el escenario, una orquesta interpretaba melodías suaves y cautivadoras, como enviadas desde el cielo.

A pesar de que eran los únicos invitados, todos los lujos del restaurante y los servicios exclusivos parecían existir únicamente para ella, rodeándola como estrellas que veneran a la luna.

Mientras los meseros traían un plato tras otro, Rafaela sonrió divertida.

—Es la primera vez que te veo tan generoso. ¿Por fin abriste los ojos?

—¿Te gusta?

—Le has puesto más empeño que de costumbre —dijo ella, lanzándole una mirada cargada de intención—. Patán... seguro que alguien te enseñó a hacer todo esto, ¿verdad?

—Eso no importa —respondió Liberto, entregándole un plato con la carne ya cortada.

Una semana atrás, antes de que Liberto viajara al extranjero.

Una mañana cualquiera.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera