—Ya eres toda una mujer y aún te regañan como a una niña chiquita.
Al sentir la mirada penetrante y seductora de Luis, Raquel intentó levantarse de sus piernas, pero el brazo de él se cerró alrededor de su cintura, inmovilizándola por completo. Al verse atrapada, no tuvo más remedio que responder.
—Creo que eso no es asunto suyo, tío. Está preguntando de más.
La relación entre Raquel y Luis se limitaba estrictamente a la pasión entre las sábanas. Jamás se entrometían en la vida personal del otro; no conocían a sus familias ni interactuaban con sus círculos de amigos. Era un arreglo de pura atracción, con límites perfectamente marcados.
En la familia Huerta, Raquel siempre había sido complaciente con las decisiones de su madre. A los ojos de todos, era la hija perfecta, dulce y obediente, incapaz de rebelarse. Desde muy niña le enseñaron que fue adoptada y rescatada de un orfanato.
Todo su esfuerzo siempre fue para hacer feliz a Vanessa, intentando llenar el inmenso vacío de dolor que le había dejado la separación de su hermano mayor durante tantos años.
Se exigía a sí misma ser impecable, simplemente para complacerla.
Pero Raquel sabía en el fondo de su corazón que, sin importar cuán perfecta o sumisa fuera, jamás podría ocupar el lugar que Liberto tenía en el corazón de su madre.
Había interpretado el papel de niña buena por tanto tiempo, pero en sus venas corría una rebeldía indomable. Le fascinaba la libertad que sentía frente a este hombre, donde no necesitaba fingir ser alguien que no era.
Pertenecían a mundos distintos, y sus caminos jamás debieron cruzarse. Sabía que cualquier día... simplemente se iría de su vida.
No meterse en los asuntos del otro y no cruzar la línea era lo más prudente.
De pronto, un asco repentino se apoderó de su estómago. Raquel se llevó una mano al pecho, con el rostro pálido, sintiendo unas intensas ganas de devolver. Al ver su reacción, Luis la observó con una chispa de diversión y burla en los ojos.
—¿Estás embarazada?
Mientras lo decía, deslizó la mano y la posó sugestivamente sobre el vientre plano de la chica. Cuando las náuseas cedieron, Raquel sonrió y rodeó el cuello del hombre con sus brazos, fingiendo cierto desdén.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...