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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 1119

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—Parece que, a tu alrededor, sobran las conquistas.

—Con lo atractivo que eres, ¿nunca has pensado en sentar cabeza, enamorarte de verdad y casarte con alguien? Jugar con los sentimientos de los demás se paga caro; el karma te va a alcanzar algún día.

Luis tomó una toallita húmeda y le limpió con delicadeza la base de maquillaje que cubría la bofetada. Sacó el medicamento de la bolsa que Irene acababa de dejar y comenzó a aplicarlo suavemente sobre el área aún enrojecida del rostro de Raquel. Ella esperó una respuesta a sus preguntas, pero era evidente que él no tenía la menor intención de dársela.

Al notar su silencio, Raquel tuvo el sentido común de no insistir.

Cuando se aseguró de que no había nadie a la vista, salió a escondidas de la oficina de Luis y corrió por los pasillos, fingiendo que simplemente estaba pasando por el departamento de diseño.

De pronto, al pasar frente a la sala de descanso, la voz de un grupo de empleadas murmurando llamó su atención.

—¿No creen que el señor Fernández está en las últimas? Mi prima es enfermera en el hospital y lo vio cuando lo metían a quirófano. Ni el joven amo Padilla ni la señorita Rafaela se aparecieron. Seguro le dio el ataque de coraje por los rumores de divorcio.

—El joven amo está suspendido temporalmente porque lo agarraron poniéndole los cuernos a la señorita Rafaela, lo que manchó la imagen de la empresa. Ni siquiera ha venido a la oficina, la cosa está muy tensa.

—La verdad, nunca me imaginé que él hiciera algo así. Para mí era el esposo perfecto, se me cayó un ídolo. Ay... pensar que hasta le escribí cartas de amor cuando era un empleado normal aquí. Todos los hombres son iguales.

—Desde que esa Penélope ganó el primer lugar y la hicieron la imagen de la marca, yo sabía que ahí había gato encerrado entre ellos.

—Pero no me van a negar que, con el carácter que se carga la señorita Rafaela... por muy bonita que sea, ningún hombre la aguanta. No me sorprende para nada que le hayan puesto los cuernos.

Al escuchar la conversación, Raquel se apresuró a averiguar en qué habitación estaba internado Fernández Jara. Era más que evidente que su madre le había dicho algo espantoso al padre de su cuñada para provocarle un infarto.

Si Rafaela se enteraba, buscaría culpables hasta encontrar la verdad. Liberto le había encargado vigilar a su madre, y ahora, con todo este desastre... Raquel no sabía cómo iba a darle la cara a su hermano mayor.

Lo peor de todo era que Liberto estaba incontactable. Incluso Mauricio había desaparecido del mapa.

Hace apenas dos horas, Fernández había salido de peligro y fue trasladado a una habitación privada. Clara llegó apresurada desde el Apartamento Jardín Dorado con un termo de sopa caliente, y al ver a una joven rondando cerca de la puerta, le preguntó:

—Muchachita, ¿buscas a alguien?

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