Ahora, con unos meses de rehabilitación constante, Miguel podría volver a llevar la vida de un hombre normal.
Se puso de pie. Estaba a solo unos pasos de Rafaela. Miguel dio el primer paso, logrando mantener el equilibrio con esfuerzo, pero al intentar el segundo... todo su cuerpo se desplomó. Rafaela se adelantó y lo sostuvo a tiempo; casi todo el peso del hombre recayó sobre ella.
Sin embargo, no muy lejos, bajo la sombra de un árbol, una mirada sombría y gélida observaba a la pareja que parecía abrazarse íntimamente...
*Joaquín pensó: «Parece que la señorita ya descubrió que Edgar es en realidad Miguel».*
Al percibir el aura helada y abismal que emanaba del hombre a su lado, intentó justificar a Rafaela.
—Es posible que la señorita solo lo haya buscado para preguntarle qué le ocurrió a Miguel en el pasado. Dudo que tenga otras intenciones.
—Sr. Liberto, ¿nos... acercamos?
Unos enfermeros se apresuraron a llegar y lo ayudaron a sentarse de nuevo.
—Lo... lo siento —dijo Miguel. Para sostenerse, había colocado la palma de la mano en la cintura de Rafaela. Aunque fue solo un instante, anhelaba con locura ese momento juntos.
—Parece que todavía no puedo sostenerme.
Rafaela se impregnó del ligero olor a medicinas que él desprendía.
—No pasa nada, con más práctica lo lograrás tarde o temprano.
Por alguna razón, Rafaela sintió que alguien la observaba desde las sombras. Sin embargo, al mirar en esa dirección, no vio a nadie.
Durante todo el día, el Grupo Jara se vio envuelto en una atmósfera lúgubre y aterradora. En el edificio, a pesar de estar completamente iluminado, todos caminaban de puntillas, llenos de precaución.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...