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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 664

—Y te lo digo por última vez: controla a tu mujer.

Liberto captó por completo la decepción absoluta en la mirada de Rafaela.

—¡Rafaela! ¡No creas que eres la gran cosa solo porque tienes dinero! ¿Quién quiere tu mugroso dinero? —Cristina recogió la tarjeta del suelo y se la arrojó de vuelta.

Fermín se adelantó, la recogió del suelo y la colocó de nuevo frente a Penélope.

—La intención de la señorita Rafaela es muy clara. No creo que sea necesaria mi intervención. Confío en que el señor Liberto resolverá esto rápidamente. Por el bien de la señorita Penélope, creo… que lo mejor es no hacer un escándalo de esto.

Antes de irse, Fermín le entregó a Liberto una copia del acuerdo de conciliación…

***

Al salir del hospital, Rafaela sintió una opresión en el pecho. Caminó a toda prisa hacia un taxi, deseando alejarse lo más posible de ellos. Justo cuando su mano tocó la manija del carro, escuchó la voz de Maritza detrás de ella, a punto de llorar.

—¡Quién te pidió que te metieras! ¡Si eres tan valiente, ve y déjale claro a Penélope que tú y ese rancherito están casados! ¡Ella es la otra! ¿Por qué no te atreves a decirlo? ¿No que tú nunca le tienes miedo a nada? ¿Ahora de qué tienes miedo?

—Fermín, lleva a la señorita a su casa —ordenó Alonso.

—Sí, señor.

Rafaela apretó la mano en la manija, con la mirada perdida y los ojos bajos. Tras un momento, le dijo suavemente a Maritza:

—La próxima vez, no seas tan impulsiva. Ya me voy, mañana… vengo a verte.

Rafaela se subió al taxi y se fue a su departamento.

No había dejado que Alonso interviniera porque prefería ser ella la mala del cuento. Tal como había dicho Fermín, si el escándalo crecía y Liberto se molestaba, quién sabe… qué artimañas usaría para afectar la carrera de Alonso.

Solo quería pasar sus tres años de universidad en paz, haciendo lo que le gustaba…

—Señor Liberto, sobre la asociación, nunca quise quedarme con el puesto de vicepresidenta para siempre. No sé de restauración de joyas, sé que no estoy calificada… Lo único que quiero… es ser una gran diseñadora de joyas, usted lo sabe… pasar estos años de universidad tranquilamente. No sé… no sé qué hice mal…

La voz de Penélope se fue apagando. Al bajar la cabeza, las lágrimas brotaron de sus ojos. Sintió un nudo en la garganta y se esforzó por no sollozar.

—Joaquín, asegúrate de que firme.

—¡Sí, señor Liberto!

Liberto solo dijo eso y se fue del hospital, envuelto en un aura sombría.

Al llegar al departamento, Liberto introdujo la fecha de cumpleaños de Miguel como contraseña. La puerta se abrió sin problemas.

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