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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 722

—En habilidad, están a la par, pero en estudios… ¿tú terminaste la primaria?

—El nombre de Raúl me sonaba familiar, pero ya recordé. Es uno de los mejores estudiantes de la facultad de derecho de la Universidad Floranova. En ese aspecto… ¡creo que sí hay una gran diferencia entre ustedes!

Lo que Rafaela decía desde el piso de arriba, los de abajo no necesariamente lo escuchaban con claridad.

—Por el tono de la señora Padilla, parece que lamenta un poco no haber conocido a Raúl primero.

Rafaela asintió sin negarlo.

—Si él hubiera aparecido antes, quién sabe qué habría pasado.

—Pues lamento haberla decepcionado, señora Padilla.

De repente, un guardaespaldas se acercó y le entregó una invitación a Omar. Era la misma que Raúl tenía en la mano.

Al ver la invitación, el rostro de Lucas cambió sutilmente.

—No esperaba que tuvieras una invitación de la familia Huerta. En consideración a ellos, si ya estás aquí, eres un invitado. Acompáñanos a la mesa.

Al mencionar a la familia Huerta, un murmullo se extendió entre los presentes.

—¿La familia Huerta? ¿Desde cuándo Lucas es tan cercano a ellos? Según recuerdo, los Huerta se fueron de Floranova hace mucho, ¿cuándo volvieron? ¿Y qué tiene que ver Raúl con ellos?

Liberto, de pie detrás de Rafaela, la miró de reojo, observando su reacción.

Rafaela soltó una risa fría y despectiva.

—¿Los Huerta trajeron a Raúl para respaldar a Penélope?

Las palabras de Raúl seguramente habían ofendido a más de uno. Si se quedaban más tiempo, la situación solo se pondría más tensa.

—Ya que vinieron, ¿por qué tanta prisa por irse? ¿Acaso le tienen miedo a alguien de aquí? —La voz de Rafaela bajando lentamente por las escaleras atrajo la atención de todos. Hoy vestía un deslumbrante vestido largo y rojo. No llevaba joyas, solo un anillo de estilo antiguo en el dedo anular. Cuando su figura llegó frente a la multitud, su presencia no solo robó el protagonismo, sino que dejó a todos sin aliento. Incluso su larga cabellera negra, ondulada y brillante, que caía por su espalda, parecía cuidada como un tesoro; hasta el último de sus cabellos parecía invaluable.

Rafaela notó un detalle muy sutil: la mirada de Penélope no estaba en ella, sino en Liberto, que venía detrás. Al verlo, Rafaela observó cómo Penélope soltaba la mano de Raúl que sostenía antes, con un pánico en los ojos, como si quisiera deslindarse de algo a toda prisa.

—Lo que dijo antes, abogado Acevedo, estuvo muy bien. Es cierto que la opinión pública puede devorar a una persona, pero eso no significa que pueda convertirse en una espada afilada en su mano para atacar a todo el mundo. Si fuera así, dudo mucho que usted, abogado Acevedo, sea tan noble e intachable como para haber vivido tanto tiempo sin cometer un solo error.

Rafaela se acercó lentamente hasta quedar frente a él.

—Abogado Acevedo, tenga cuidado de no quemarse con su propio fuego.

***

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