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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 783

—Mira, Alonso, más te vale que mañana mismo vayas con la familia Antón y canceles este compromiso. A mí no me interesa para nada alguien como tú, que mantiene amantes por ahí.

«Vaya… si no fuera de la familia Antón, nadie se atrevería a hablarle así a Alonso», pensó Rafaela.

Fermín se interpuso de inmediato.

—Señorita Antón, por favor, cuide sus palabras.

Por más ofensiva que fuera Verónica Antón, Alonso permaneció impasible, con una calma que resultaba anormal.

—El compromiso se cancelará, pero no ahora.

Cuando Alonso intentó irse con la mujer a su lado, Verónica lo detuvo extendiendo el brazo.

—Más te vale cumplir tu palabra. No me gustan los hombres veletas como tú.

—La mujer que mantienes por ahí ya debe estar a punto de dar a luz, ¿no? Cualquier mujer con dos dedos de frente no querría ser la madrastra de tu hijo… ¿verdad, señorita Rafaela?

Rafaela, indiferente, ignoró a la persona que tenía delante y miró a Alonso.

—¿Qué vamos a comer?

—Lo que tú digas —respondió Alonso.

Verónica había dicho de todo, pero ellos no solo no se enojaron, ¿sino que la ignoraron por completo?

Les lanzó una mirada de desprecio mientras se alejaban.

«¿Y a quién le importa?»

Una vez en el carro, Rafaela miró a Alonso, sin saber qué decirle. Al fin y al cabo, era un asunto de la familia Cruz, y era cuestión de tiempo que Alonso se casara y tuviera hijos. Aun así, las palabras de la chica habían sido bastante hirientes.

Justo cuando no sabía qué decir, Alonso habló de repente.

—Oí que la familia Huerta parece que va a regresar del extranjero. Últimamente han estado reorganizando el personal de la mansión Huerta. Solo en la renovación gastaron dos mil millones de pesos.

—Dicen que la señora de la familia Huerta no está bien de salud, e incluso los sirvientes que contratan deben saber de primeros auxilios y estar disponibles las veinticuatro horas. A cada uno le pagan seiscientos mil al año.

—Contrataron a más de cincuenta, y eso no es todo… Exigen que tengan entre treinta y cuarenta años, no quieren a nadie demasiado joven.

—¿De verdad? —preguntó otra persona, asombrada.

—Sí. Sospecho que el señor Fernández del Grupo Jara sabe algo. Habrá que ir a tantear el terreno. Con tantas empresas cotizando en Floranova, ¿por qué el Grupo Huerta de repente decidió asociarse precisamente con el Grupo Jara?

—Yo sé por qué —intervino otro—. Todos esos acuerdos los negoció el señor Liberto en persona. Una familia Jara tan grande y todavía dependen de un extraño para sostenerse. Parece que a Fernández ya no le queda mucho.

—Pura suerte, eso es todo. ¿Quién le manda tener una hija tan guapa que lo tiene comiendo de su mano? Y con un poco de esfuerzo en la cama y susurrándole al oído, no solo consigue los contratos de la familia Huerta, sino que gana cientos de miles de millones al año sin despeinarse.

Rafaela escuchó sin sentir nada en particular. Era la verdad. El Grupo Jara se sostenía gracias a Liberto.

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