Esa frase parecía claramente un dardo para Macarena. Cuando esta le sirvió el vaso de agua caliente a Rafaela, su voz sonó suave.
—Cuidado, está caliente.
—Gracias.
Alguien comentó:
—Estos tres crecieron juntos, qué bien se llevan.
—Hace mucho que no te veíamos. ¿Por qué no te quedas a cenar con nosotros esta noche?
Rafaela vio a Liberto zafarse de aquel grupo de personas, salir al exterior y encender un cigarro.
—No puedo. Esta noche voy a cenar con mi papá en casa del señor Jara. Liberto y yo no pudimos celebrar el Día de Reyes en casa por estar en el extranjero, y pensábamos compensarlo hoy.
Lo que había sucedido en la familia Jara había causado un gran revuelo. La familia Cruz no podía intervenir directamente en asuntos de negocios, así que solo pudieron hacer lo posible por suprimir las noticias en el país y reducir el impacto negativo. Después de que el presidente interino del Grupo Jara sufriera un «tiroteo», un «accidente de coche» y una «explosión», todos pensaban que era muy difícil que sobreviviera. Verlo ahora, sano y salvo, demostraba que tenía una suerte de hierro.
—Si esta noche no puedes, no hay problema. Entonces, que sea mañana por la noche.
>>Hace mucho que las dos familias no nos reunimos.
Tras dudar un momento, Rafaela asintió.
—Sí, de acuerdo. —También se dio cuenta de cómo Macarena era tratada como una sirvienta, llamada de un lado a otro. Si bloqueaba la vista de alguien, inevitablemente recibía una mirada de desprecio, una advertencia cargada de aversión.
—Sigan platicando, voy al baño. —Rafaela dejó el vaso.
—Te acompaño —se ofreció Macarena.
—Gracias, no es necesario. Sé dónde está.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...