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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 797

Mauricio respondió con un tono amable:

—La señorita Rafaela es la futura dueña de la familia Huerta, jamás haríamos nada para lastimarla.

Tras decir eso, dejó a Isabel pasmada.

—Dios mío, Rafaela… resulta que eres…

***

De vuelta en el hotel, Rafaela salió de bañarse secándose el pelo con una toalla blanca. Llevaba un camisón de seda de tirantes; su piel pálida aún tenía gotitas de agua y despedía un suave vapor.

Parada frente al ventanal, vio una fila de carros negros entrando a la mansión de enfrente. Se abrieron los portones y las luces de la villa se fueron encendiendo una a una.

Alguien bajó de uno de los autos. Estaba demasiado lejos para verle la cara, pero sintió algo vagamente familiar en su figura mientras entraba a la casa.

Rafaela apartó la vista y miró su celular que se iluminó en la mesa. Creyó que era un mensaje de Liberto, pero solo era una noticia irrelevante.

El chat seguía igual…

El último mensaje de Liberto decía: [Buenas noches].

En México debía ser la una de la mañana.

Él pensaba que ella ya estaba dormida.

—Todo está arreglado, la señora no sospechará nada. Descanse, joven. Buenas noches. —Mauricio le daba el reporte a Liberto mientras caminaba detrás de él. Al ver que entraba a su habitación, se detuvo y esperó a que la puerta se cerrara para bajar y retirarse.

Sintiendo esa vibra rara, Rafaela casi nunca abría las cortinas.

Frunció el ceño con disgusto: ¡Maldito pervertido!

Si estuviera en México, seguro iba y lo encaraba.

En esos dos días, Rafaela solo había dado una vuelta por la escuela de Miguel. No faltó quien tratara de ligarla, pensando que era estudiante. También visitó los lugares cerca de la escuela que mencionaban las cartas…

Liberto parecía estar muy ocupado. Ella le llamaba a la hora acordada para reforzar la "relación marital"… y a esa hora él siempre estaba en juntas. Rafaela escuchaba por el teléfono, sin decir nada, cómo él hablaba un francés perfecto lleno de términos técnicos que ella ni entendía. Cuando terminaba la reunión, cruzaban un par de frases vacías y colgaban en minutos.

Al día siguiente, al mediodía, hizo un clima precioso, cielo despejado. Rafaela estaba comiendo sola en el restaurante cuando contestó una llamada. Tal como esperaba…

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