—Durante este tiempo, Joaquín también cayó enfermo debido a la fuerte presión de la empresa. Usted conoce bien la salud del señor… Sin nadie que sostenga la compañía, el Señor Fernández ha tenido que entrar al quite.
—La empresa… no puede quedarse como un barco sin capitán.
—Así que era eso… —murmuró Rafaela.
Antiguamente, Liberto se encargaba de todo en el Grupo Jara. Incluso su asistente no pudo soportar la carga y colapsó.
Joaquín fue entrenado personalmente por Liberto. Si ni siquiera él aguantaba…
La ausencia de Liberto parecía decirle indirectamente que, sin él, el mundo realmente dejaba de girar.
Rafaela bajó a calentar un vaso de leche y fue al estudio. Al ver a su padre leyendo documentos, colocó la leche junto a su mano.
—Papá… ¿no habíamos quedado en que no te encargarías de los asuntos de la empresa?
—El médico dijo que debes descansar. Deja estas cosas… encárgaselas a alguien más.
Fernández le dio unas palmaditas en la mano a Rafaela.
—Joaquín está enfermo, lo operaron recientemente y está en recuperación. Además tuvo una hemorragia gástrica. Le di un mes de vacaciones; que se recupere primero.
—¿El Grupo Jara… no tiene a nadie más?
Fernández suspiró.
—Rafaela, capacitar a alguien requiere mucho tiempo, además de energía. No todos son aptos para dirigir una empresa.
—El puesto de Director Ejecutivo no es tan sencillo. Aparte de los beneficios de la empresa, hay que gestionar a miles de empleados y todo el sistema de normas corporativas.
—Ahora me doy cuenta de que, ni con diez veces mi energía, podría igualar la intensidad con la que Liberto manejaba la empresa cada día. Tú conoces su agenda: trabaja todo el año sin descanso. La mayor parte del tiempo gira en torno a la compañía; incluso el tiempo que pasaba contigo era escaso. Y ni hablar de ahora… la empresa está descabezada y, aun herido, Liberto no ha dejado de ocuparse de los asuntos.
—Por importantes que sean los negocios, no puede descuidar su cuerpo.
—Hoy hablé con él por teléfono. Por eso papá está pensando en… recortar temporalmente otros negocios y dejar que la empresa entre en un periodo de estabilidad hasta que Liberto regrese.
Algo no cuadraba… La reacción de su papá era demasiado extraña.
Su papá nunca había querido que se divorciara.
¿Por qué sacaba el tema de repente?
¿O será que ya sabía algo y la estaba probando?
Rafaela regresó a su habitación. Escuchó el teléfono que no sabía cuánto tiempo llevaba sonando. La pantalla mostraba un número desconocido. Muy poca gente tenía su número privado, aparte de sus conocidos cercanos. Contestó:
—¿Quién habla?
Ella habló, pero la otra persona no dijo nada. Solo se escuchó un leve sonido de roce.
Al ver a la persona que había regresado a la cama, la mirada de Raúl Lozano se llenó de lástima. Curvó los dedos y le acarició la mejilla. Al ver que la llamada ya estaba conectada, le acomodó la cobija, se levantó, salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...