Esa noche en Rumania, cuando Liberto bajó a Rafaela en brazos en el aeropuerto, la notó pálida.
—¿Te sientes mal?
Rafaela sentía una opresión en el pecho que no la dejaba respirar, su respiración era agitada y le dolía un poco el corazón.
—Mis pastillas...
—Mauricio, llama a un médico de inmediato.
—¡Sí, señor!
A espaldas del hombre se extendía la noche cerrada; a lo lejos, el cielo se iluminaba con relámpagos acompañados del retumbar constante de los truenos. Sobre sus cabezas, una espesa capa de nubes negras ocultaba la luna por completo.
Un lujoso Bentley negro se detuvo frente a Liberto, y Mauricio se adelantó para abrirle la puerta trasera.
Ya dentro del auto, con Rafaela en brazos tras su repentina crisis, Liberto pegó su mejilla a la de ella para checar su temperatura. Estaba fría. Al verla temblar, la abrazó con más fuerza. A pesar de su habitual autocontrol, el pánico se apoderó de él en ese instante. Tenía miedo...
—Ya casi llegamos...
Liberto llevaba consigo el medicamento de Rafaela. Destapó el frasco, sacó unas pastillas blancas y se las dio con un poco de agua.
—¿Te sientes mejor?
La mirada débil de Rafaela se encontró con los ojos profundos y llenos de preocupación de él. Aturdida, levantó la mano para acariciarle el rostro.
—Liberto... si algún día me muero de verdad... ¿qué harías?
Liberto tomó su mano y la sostuvo con firmeza.
—Señor, todo está listo —dijo con respeto y un acento marcado.
Liberto cargó a Rafaela y, con pasos apresurados, siguió a los empleados hacia la habitación que habían preparado en el piso de arriba.
—Israel, tienes que practicar más tu pronunciación —comentó Mauricio.
Israel, que llevaba guantes blancos y mantenía las manos cruzadas al frente, asintió levemente.
—Entendido, hermano.
Israel y Mauricio eran gemelos. La cadena de negocios más grande de la familia Huerta, y la que generaba más ganancias, era este enorme complejo de entretenimiento, del cual Israel era el administrador.
El lugar contaba con instalaciones médicas equiparables a las de un hospital. Tras una revisión exhaustiva, se determinó que Rafaela solo presentaba algunas complicaciones menores derivadas de su afección cardíaca y un poco de fiebre baja. Necesitaba descansar, pero fuera de eso, no había problemas graves.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...