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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 900

Liberto se quedó velando su sueño toda la noche. Cuando Rafaela despertó, lo encontró todavía a su lado; ni siquiera se había quitado el saco. Estaba profundamente dormido, con la espalda apoyada contra la cabecera de la cama y los ojos cerrados.

Afuera se había desatado una tormenta eléctrica. Los relámpagos iluminaban el cielo, pero dentro de la habitación reinaba un silencio absoluto, envuelto en una suave y relajante fragancia que invitaba al descanso.

Al clarear el día, Rafaela se incorporó con mucha cautela. Al observar sus facciones marcadas y firmes, su mente comenzó a despejarse. Estiró la mano con la intención de acariciarlo, pero en ese instante, una serie de escenas imaginarias cruzaron por su mente. Pensar que todas esas atenciones que él tenía con ella, seguramente las había tenido con alguien más en el pasado, le provocó una opresión en el pecho.

Se había prometido dejarlo pasar, pero era imposible que no le calara.

En un arrebato de resentimiento, se inclinó sobre él y lo besó, mordiéndole el labio con fuerza.

El dolor despertó a Liberto de golpe. Abrió los ojos, aún nublados por el sueño, pero aceptó el castigo sin oponer resistencia. La rodeó con los brazos por instinto, cuidando que no se fuera a caer de la cama. El dolor agudo se transformó pronto en un entumecimiento, seguido por el sabor metálico de la sangre que comenzó a brotar. Él simplemente pasó saliva, tragando el rastro de la herida.

Cuando ella intentó apartarse, satisfecha con su pequeña venganza, él no le dio oportunidad de escapar. La sujetó con firmeza, obligándola a quedarse cerca de él para profundizar el beso.

En algún punto, el camisón que se había puesto antes quedó descuidado; el cuello estaba hecho un desastre. El hombre hundió el rostro en su pecho, dejando marcas que reclamaban su territorio.

Rafaela terminó sentada a horcajadas sobre él.

Ese tono rojizo en su piel sugería mil cosas y él, casi con alevosía, se encargó de dejarle marcas similares en los lugares más visibles.

Finalmente, Liberto la soltó, pero solo para cargarla en vilo mientras agarraba sus zapatos con la otra mano. Así, la llevó fuera de la habitación.

—Hay que comer algo primero —dijo Liberto—. Necesitas recuperar fuerzas para lo que sigue.

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