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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 902

El hombre sentado frente a ella era el capo más poderoso de la mafia local. Tenía una cicatriz horrible que le cruzaba la cara. Se desabrochó el cinturón y miró a la mujer postrada a sus pies.

—Ven aquí...

Ximena entendió perfectamente lo que el traductor le comunicó, pero mantuvo la sonrisa con esfuerzo.

—Lo siento, señor. Solo soy una mesera que lustra zapatos, no ofrezco esa clase de servicios.

Ante la mirada feroz del hombre, nadie se atrevía a desobedecer. La sala privada estaba llena de humo y había ropa de mujer esparcida por el suelo. Las mujeres allí parecían serpientes seductoras, enredadas en los hombres con distintas posturas, soltando gemidos sin ningún pudor. Todas estaban allí por voluntad propia; los brazaletes con temporizador en sus muñecas indicaban el tiempo de la transacción: mil dólares el minuto. En Liaskó tenían sus propias reglas y nadie se atrevía a romperlas, pero una de ellas era que no se podía forzar el trato; la coacción se castigaba severamente.

Aquí, cualquier cosa tenía un precio...

Kevin, al escuchar el rechazo, cambió su mirada a una de pura violencia. Estrelló la botella de alcohol que tenía enfrente, se levantó y dejó caer sus pantalones al suelo. Agarró a Ximena del cabello con brutalidad.

El dolor en el cuero cabelludo hizo que Ximena soltara un grito desgarrador. Un olor rancio y asqueroso invadió su nariz mientras luchaba, pero él le abrió la boca a la fuerza...

Los presentes miraban la escena con indiferencia. No sabían que cuanto más luchaba ella, más despertaba los instintos animales del hombre.

Desde que la transfirieron de Floranova al extranjero, su vida había sido normal. En el círculo del diseño de joyas, era la diseñadora principal del Grupo Huerta, respetada por todos. Un boceto suyo podía venderse por una fortuna. Pensó que siempre sería así, que tenía su lugar asegurado en la industria, hasta que un día todo se hizo pedazos.

Alguien le tendió una trampa y terminó con una deuda multimillonaria en joyas. Si no pagaba, se pudriría en la cárcel.

Para pagar esa deuda, Ximena no tuvo más remedio que trabajar de mesera en este lugar. Durante este tiempo había sufrido toda clase de humillaciones, viviendo en un sótano húmedo y oscuro, acosada a diario por los clientes. Se sentía como un objeto, un simple trozo de carne para el disfrute ajeno.

Tenía que salir de allí, recuperar su puesto. En cuanto pagara la deuda, podría volver a ser la de antes, regresar a su país... volver a ser la diseñadora cotizada. No quería seguir allí.

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