Era el paraíso de los vivos.
Un «cielo» redefinido por el poder y con reglas nuevas.
La vida que Rafaela disfrutaba en Floranova ya era inalcanzable para la gente común, algo digno de envidia. Pero desde que llegó aquí y vio apenas la punta del iceberg de la familia Huerta, sintió que se le abrían los ojos; tenía una nueva perspectiva sobre lo que realmente eran los Huerta.
En cuanto cruzó la entrada, vio a miembros de la alta sociedad abrazando a mujeres sensuales una tras otra. El suelo bajo sus pies era como un espejo, exponiendo todo lo que había debajo de las faldas a la vista de todos.
Por suerte Rafaela traía vestido largo, pero al mirar el suelo, vio el reflejo de una hermosa mujer con un vestido de aberturas peligrosas; no llevaba ropa interior y todo quedaba a la vista.
Qué... enfermos.
Rafaela se detuvo en la entrada, se cruzó de brazos y alzó una ceja.
—Israel, esto me resulta muy incómodo.
—Mis disculpas, señora. Espere un momento.
Israel parecía tener mucha autoridad allí. Con solo una mirada, los guardias de traje y guantes blancos accionaron algún interruptor y el efecto de espejo en el suelo desapareció, volviendo a ser un piso normal.
Rafaela entonces dio un paso y lo siguió hasta un elevador privado y silencioso.
El elevador los llevó al restaurante *Salón Diamante*. Era el restaurante más lujoso que Rafaela había visto. El nombre de «paraíso» no era en vano. Varias de las mujeres más hermosas rodeaban a Saúl, vestidas con gasas tan finas que era como si no llevaran nada.
Lorenzo se adelantó para retirarle la silla a Rafaela.
—Siéntese, por favor.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...