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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 988

—El Grupo Jara ya retiró la demanda, pero recuperaremos la indemnización como estaba previsto.

El hombre que se había ido había regresado. Estaba claro que sus palabras eran un intento de reconciliación, dándole a Rafaela una salida fácil. Pero ella no soportaba esa actitud suya, como si creyera que podía controlarlo todo.

Rafaela se dio la vuelta, levantó la pierna y, de una sola patada, tiró a Liberto de la cama. En la profunda oscuridad de la habitación se escuchó un fuerte golpe sordo y un gemido ahogado del hombre.

Rafaela se sentó en la cama y se cruzó de brazos. —Si estás celoso, pues estás celoso, acéptalo. Pero si vuelves a entrar aquí con esa cara de amargado, mejor quédate a morir afuera.

Al no escuchar respuesta por parte de él, recordó que su cuerpo aún no se había recuperado por completo del accidente de auto. —¡Oye, di algo! ¡Si te vas a morir, que no sea en mi habitación!

Rafaela bajó de la cama, guiándose por la tenue luz que se filtraba por las cortinas. Apenas puso un pie en el suelo, una fuerza descomunal tiró de ella. Antes de que pudiera siquiera gritar por la sorpresa, el mundo se oscureció y sintió que caía sobre la suave alfombra, con el peso del hombre encima de ella. En la oscuridad, se encontró con los ojos de Liberto, que brillaban como los de un lobo acechando a su presa. Su aliento cálido le rozó el rostro.

—Tal vez Alonso te parezca un gran tipo, pero para mí no es más que un reverendo hipócrita —le susurró Liberto.

—¿Ah, sí? Él será un hipócrita, pero, ¿tú qué te crees? No eres mejor.

—Mmm... parece que la señora Padilla todavía tiene ganas de ser madrastra. Casi lo olvido, seguro en el futuro toda la familia Jara cambiará su apellido a Cruz. ¿Por qué otra razón serían tan unidos? Considerando lo generosa que es la señorita Rafaela, debe tener pensado regalarles todo su patrimonio.

—Al fin y al cabo, Alonso y tú son del mismo equipo. Yo solo soy un simple forastero que no tiene derecho a opinar.

El tono sarcástico de Liberto igualaba al de ella.

—Mira, si mi vida resulta ser corta, consideraré dejarte una parte de la herencia para que tu esfuerzo en la familia Jara no haya sido en vano.

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