En el pasado, Rafaela siempre le echaba en cara el asunto con Penélope. Ahora, era el turno de él. Sin embargo, ella no estaba dispuesta a seguirle el juego. Al ver cómo lanzaba despectivamente el acuerdo de transferencia de acciones sobre el escritorio, perdió las ganas de dar explicaciones.
El poco sueño de la noche anterior ya la tenía irritable. Había ido hasta ahí para aclarar las cosas, pero él insistía en provocarla. Su paciencia llegó al límite. Dio un paso al frente, tomó el contrato y se lo aventó a la cara.
—Me da igual si lo quieres o no.
Liberto no se inmutó ante su reacción. Cuando ella dio media vuelta para irse, él le soltó:
—Quiero la parte que le ibas a dar a Alonso.
—¿Y crees que la mereces? —soltó Rafaela, sin siquiera dirigirle la mirada, y continuó caminando hacia la puerta.
Era evidente que estaba furiosa.
Justo antes de salir, Rafaela se detuvo, aunque no se giró. —Clara me aconsejó que ciertas cosas deben guardarse, que decirlas en voz alta solo arruina la relación. Pero yo prefiero decir las cosas de frente.
—La parte que le di a la familia Cruz fue por voluntad propia, y jamás la reclamaré de vuelta, incluso si deciden usar a la familia Jara para sus propios fines.
—Lo hice porque en su momento nadie sabía qué iba a pasar, y aparte de ellos, no sabía en quién más podía confiar. En ese entonces, tú estabas completamente enfocado en Penélope, y también querías apoderarte del Grupo Jara. No confiaba en ti. Cuando mi familia cayó en desgracia, Alonso fue el primero en dar la cara por nosotros. Y solo por eso...
Rafaela se dio la vuelta y lo miró con una frialdad desconocida. En ese instante, todo rastro de sentimientos o títulos desapareció; su mirada era puramente calculadora. —Me pides que olvide todo, que actúe como si el pasado no existiera. Pero no puedo hacerlo.
—Por ende, tampoco soy capaz de confiar en ti al cien por ciento.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...