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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 996

Alonso ignoró por completo la repentina escena. Lo único que le importaba era el estado de Rafaela.

—¿Estás bien?

Evidentemente, había escuchado la conversación por teléfono.

—Estoy bien, regresemos, no le hagas caso —respondió Rafaela. Pero en ese instante sintió cómo el pecho se le oprimía, provocándole una asfixia dolorosa.

—¿Otra vez tienes molestias en el pecho? ¿Vamos al hospital?

Rafaela reprimió el dolor.

—No es necesario, estoy bien.

Alonso habló con una voz suave y apacible.

—Rafaela, ¿alguna vez has pensado que ustedes... tal vez no sean compatibles?

El auto aún estaba estacionado a un lado de la calle. De repente, el vehículo que se había marchado regresó a toda velocidad y dio un frenazo brusco, los neumáticos rechinaron contra el asfalto. Antes de que Rafaela pudiera reaccionar, Liberto usó el codo para romper el cristal de la ventana, hizo un hueco, metió la mano para desbloquear la puerta y sacó a Rafaela a la fuerza.

—¡Suéltala!

La mirada de Liberto en ese momento era la de un lobo salvaje, sombrío y gélido.

—Alcalde Cruz, supongo que no querrá que el incidente de esta noche aparezca en los titulares de mañana, ¿verdad? ¿Apropiándose de la esposa de otro, conducta inapropiada?

Alonso frunció el ceño y retrocedió de manera evidente.

Liberto dio un paso adelante y recibió una bofetada en seco. El golpe fue fuerte; la marca de los cinco dedos quedó grabada en su mejilla.

—¿Ya te desahogaste?

—¿Sientes satisfacción manipulándome así? Sabes que no podré quedar embarazada en el futuro, y aun así cargas a ese niño. ¿Lo hiciste para lastimarme a propósito? ¡Liberto! ¿Cómo puede existir alguien tan despreciable en este mundo? ¡Eres un desgraciado!

Rafaela le gritó y lo insultó hasta que sus ojos se llenaron de lágrimas, mirándolo con enojo.

No era la primera vez que Liberto recibía sus insultos. Se arrodilló sobre una pierna, tomó su suave pie de porcelana, sacudió el polvo de la suela y le puso el zapato. Nunca mencionaba el tema de los niños frente a ella porque sabía que era su mayor herida.

—Si quieres un hijo, podemos buscar una solución juntos.

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