—¡Nada de portarse mal, Lyn! —me gritó Sira —. Aún tienes que volver.
—Por supuesto —exclamé al entrar al auto.
El sonido de la música y las risas desaparecieron. La despedida de soltera que las chicas de la manada me organizaron fue una completa locura, no creí que se tomarán tantas molestias porque apenas llevó un mes conociéndolos, pero ya me tomaban como parte de su familia.
Hubiera seguido toda la noche, si no hubiera olvidado mi velo de novia en la casa de la familia de Alan, todos nos quedamos en un hotel donde se celebrará la boda mañana y no quise molestar a nadie, no me tomará mucho tiempo, solo voy por el velo y regreso a mi habitación.
Sabía exactamente dónde estaba, sobre la cómoda de la habitación principal, Julie me lo había llevado en una caja blanca muy bonita y me ayudó a probarme el vestido, ella había sido una gran amiga estos días.
Aún no puedo creer que me voy a casar mañana, es un sueño.
Deje el auto en la entrada, vi un par de luces de las ventanas, creí que no habia nadie, yo tenía llave de la casa, la señora Ross, madre de Alan, me la había dado diciendo que ya era parte de la familia y que considerará está mi casa.
Entre con rapidez, subí las escaleras, iba directo a la habitación principal, pero en ese momento escuché unas voces que venían de otro dormitorio.
Creí que era el señor Ross y su esposa, pero entonces escuché la risa de un niño.
Tommy.
Es el hijo de Julie, ella es madre soltera y amiga cercana de la familia de Alan, pero no entiendo lo que hacen aquí.
El corazón me dio un vuelco incómodo, algo no estaba bien y ya lo sabía. Entonces escuché la voz de Julie y luego la de Alan cuando me acerqué aún más.
La luz pasaba al pasillo con la puerta entreabierta.
—¿Hasta cuándo, Alan? —la voz de Julie temblaba, pero no era debilidad, era rabia contenida—. ¿Hasta cuándo piensas seguir con esta farsa?
Logré controlar mi respiración aunque mis manos comenzaban a sentirse frías. ¿Qué estaban haciendo ellos dos con Tommy en la habitación?
—Baja la voz —respondió Alan —. Tommy está con nosotros.
—Por supuesto. Después de todo es tu hijo —contestó Julie.
Sentí como si alguien me hubiera clavado una estaca en el corazón, tuve que sostenerme de la pared un segundo para controlar mis emociones.
—Y ahora nos vas a abandonar por irte con esa mujer solo porque es “conveniente” para ti y toda su familia.
—También es conveniente para tí, mi amor —expresó Alan —. No entiendes que esto nos da una mejor vida, una mejor posición en la manada. El Alfa ya tomó la decisión.

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