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Vine a hacer que se arrepientan romance Capítulo 14

Sin tiempo para pensar, usó su propio cuerpo como escudo para proteger la maleta que apretaba contra su pecho.

Pero ya era demasiado tarde.

El agua lodosa se había filtrado por las grietas del estuche.

—No... no puede ser...

Las lágrimas de Laia finalmente se desbordaron.

Abrió la maleta con desesperación y empezó a frotar los manuscritos mojados con la manga de su blusa.

El llanto se mezclaba con el lodo de su cara; las gotas caían sobre las hojas amarillentas, esparciendo la tinta y creando pequeñas manchas húmedas.

Desde el espejo retrovisor, Camelia observaba lo patética que se veía. Una ola de placer enfermizo le recorrió el cuerpo.

La zona en la que se encontraban era un área comercial en pleno desarrollo. Estaba desierta y, lo más importante... no había ni una sola cámara de seguridad.

Parecía... la oportunidad perfecta.

Era la oportunidad perfecta para deshacerse de Laia de una vez por todas.

Una vez que esa idea se plantó en su cabeza, no pudo detenerla.

Una sonrisa retorcida se dibujó en los labios de Camelia. Metió reversa, dio la vuelta y... ¡pisó el acelerador a fondo!

El rugido del motor cortó el viento.

Cuando Laia levantó la vista, solo vio unos faros cegadores que se le venían encima en un segundo.

Jamás en su vida había sentido a la muerte tan de cerca.

En ese microsegundo, pensó en su madre a la que nunca conoció, en sus abuelos a los que no había visto en diez años... y en la familia Lemus y la familia Chávez, quienes nunca la trataron como un ser humano.

¿Acaso mi mamá vino a recogerme?

Debe ser eso...

Por instinto, Laia cerró los ojos.

Justo en ese momento de vida o muerte...

¡Un ensordecedor rechinar de llantas destrozó el silencio!

Otro vehículo se interpuso bruscamente, obligando al Porsche de Camelia a frenar en seco.

Ambos autos quedaron a centímetros de chocar.

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