Zulema no pudo evitar sonreír.
—Entonces iré a ver los equipos nuevos.
Julia asintió.
—Ve. Pero regresa al mediodía para comer, yo prepararé la comida.
Zulema aceptó con gusto y salió de la oficina.
En el laboratorio al final del pasillo, varios investigadores estaban abriendo cajas.
Tras la confirmación de los fondos de Hengyuan, el primer lote de equipos comprados había llegado la noche anterior. Había tres enormes cajas de madera apiladas en el centro del laboratorio, y el personal usaba herramientas para quitar las tablas, llenando el aire de un fresco olor a aserrín.
Cuando Zulema se acercó, pudo ver la superficie plateada de los nuevos equipos reflejando una luz fría bajo las lámparas del techo. Se veían precisos y de altísima tecnología.
Zulema acarició la superficie lisa de la máquina. Cuando trabajaba en el laboratorio, solía usar ese mismo modelo, pero desde que se fue, no había vuelto a tocar uno.
Habían pasado cinco años, y ya existía una versión nueva.
Al mirar esos equipos, Zulema sintió una indescriptible sensación de alivio y seguridad.
Esas máquinas significaban que los proyectos podrían reanudarse. El desarrollo de medicamentos contra el cáncer podría avanzar, los datos de los ensayos clínicos de los antibióticos podrían volver a ser verificados, y todas esas investigaciones que llevaban medio año congeladas podrían recuperar su ritmo.
Su esfuerzo no había sido en vano.
Zulema se quedó parada en el centro del laboratorio y, sin darse cuenta, una sonrisa se dibujó en sus labios. Hacía mucho tiempo que no presenciaba una escena como esa.
...
Al mismo tiempo, en la casa de la familia Fajardo.
Cuando Milagros abrió los ojos, se dio la vuelta y, por instinto, estuvo a punto de llamar a su mamá. Pero, justo al abrir la boca, notó que había alguien más en la cama.
Úrsula estaba acostada de lado junto a ella. Milagros se quedó helada por un segundo, y luego una enorme sonrisa iluminó su rostro. Salió de las sábanas de un salto, se lanzó a abrazar el cuello de Úrsula, y pegó su carita contra la de ella para darle un beso, hablando con una voz dulce y tierna.

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