Al salir de la oficina de Lorenzo, todos tenían caras largas.
Javier Quintero tenía planeado proponerle una alianza al Hospital Oncológico de la familia Lira para expandir su empresa de suplementos de salud. Pero Lorenzo lo rechazó tajantemente, argumentando que la división médica de Grupo Lira ya contaba con profesionales brillantes que desarrollaban sus propios productos.
Leandro fue el que salió peor parado. Había llegado con una propuesta de negocios meticulosamente preparada, pero con el "discurso sobre Sofía" de Lorenzo, todas sus palabras se le quedaron atragantadas.
Para los tres hombres, el fracaso fue duro, pero soportable. Después de todo, pertenecían a familias adineradas; si Grupo Lira les cerraba las puertas, encontrarían otros caminos para sus negocios.
Pero para Isabel, la situación era devastadora. Era una mujer delicada, cuya vida y emociones giraban en torno a su relación con Leandro. Lo había acompañado para verlo triunfar, para verlo brillar y abrirse paso en el círculo de élite de Rosarito.
¿Y qué había presenciado? A su hombre, totalmente minimizado.
Esa frase de Lorenzo: *"Si nos pusieran a elegir a los dos, ella me elegiría a mí sin dudarlo"*, había desinflado por completo a Leandro.
No era que Leandro se sintiera inferior —él se consideraba un hombre alfa y no iba a dudar de sí mismo solo por las palabras de Lorenzo—. Su desánimo estaba directamente relacionado con Sofía.
El talento y poder de Lorenzo eran innegables. Al ver que Sofía había logrado captar la atención de un hombre tan importante, a Leandro se le habían cruzado ideas por la cabeza. Una de esas ideas, muy probablemente, era que sentía celos.
Isabel sintió la alarma sonar en su interior. Sin embargo, no podía buscar consuelo en Leandro mientras caminaban por el transitado vestíbulo de Grupo Lira. Se mordió el labio, reprimiendo su angustia.
En ese momento, alguien se cruzó en su camino.
—¡Hola a todos! Qué coincidencia encontrarlos aquí.
Isabel levantó la mirada con los ojos llorosos y se topó con los ojillos astutos y risueños de Sergio Zambrano. El hombre saludó a los caballeros y luego se plantó frente a ella, con una sonrisa tan amplia que sus ojos desaparecieron entre sus mejillas.
—Diosa Isabel, a mi esposa le encanta su trabajo. ¿Sería posible robarle dos minutitos a solas?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...