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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 405

—¿Papá?

—Viviana, tú tienes a alguien que te respalde.

Vicente Vargas fijó su mirada en Adán. —No me sorprende que te hayas vuelto una escoria, está en tu naturaleza. Pero humillar a mi hija es una deuda que vas a pagar.

—¿Y qué nos va a hacer? —interrumpió Yanina.

Vicente Vargas giró lentamente la mirada hacia ella.

Incapaz de soportar la presión, Yanina intentó hacerse la fuerte. —¡La familia Solis no se deja pisotear por nadie!

Vicente Vargas entrecerró los ojos. —Según tu lógica de "intercambio de valores", si pudiste destruir el matrimonio de otra mujer ofreciéndole tu valor a un hombre... ve y pregúntale a tu padre para cuántos años le servirá a un hombre exprimir ese poco valor que tienes.

Su mirada se clavó en ella, penetrante, sabia y aterradora; parecía desnudar su alma.

El corazón de Yanina latía desbocado y, sin poder evitarlo, bajó la cabeza.

Vicente Vargas rompió el silencio. —Luciano, acompáñame.

—Por supuesto, Comandante. Por aquí, por favor —respondió el Director Mendoza, guiándolos hacia la salida.

Viviana y el escolta que llevaba a Hugo caminaban en la parte de atrás del grupo.

Adán extendió la mano para agarrar a Hugo. —¡Qué niño tan maleducado! ¿Así saludas a tu padre?

—¡Suéltame! —gritó Hugo, dándole un manotazo—. ¡Lobo sin corazón! ¡Mi abuelo te va a destruir!

—¡Tú...! ¡Mocoso insolente!

¡Que un hijo insultara a su padre era el colmo!

Enfurecido, Adán agarró del brazo a Viviana para desahogar su rabia. —¿Tú le enseñaste esto? Mi hijo era un buen niño y lo has convertido en un mocoso rebelde.

—¡Suéltame!

Llevaba ocho años maltratándola; se había convertido en un hábito. Ahora, ciego de furia, no pensaba dejarla ir.

Adán apretó el brazo de Viviana con fuerza.

De repente, el otro escolta le dio un golpe seco y certero en el brazo.

Adán retrocedió con un gemido de dolor.

En ese momento, el Señor Molina, que acababa de enterarse de que su hijo había tenido un altercado con su ex suegro, salió corriendo a buscarlo, lleno de pánico.

La familia Molina estaba invirtiendo en el sector salud de Rosarito. Habían puesto más de cinco mil millones, arriesgando gran parte de su patrimonio. Ofender al temido Comandante Vargas era un lujo que no podían darse.

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