Cuando hizo esa petición...
La buena noticia: estaba ciego y no podía ver la frialdad en el rostro de Sofía.
La mala noticia: su petición fue rechazada.
—Te equivocaste de persona —respondió ella.
Leandro forzó una sonrisa. —No. Fuiste tú quien me preparó esa medicina. Aparte de ti, nadie más la hace.
El silencio invadió la habitación.
Pasó un largo rato.
Al no escuchar respuesta, Leandro comprendió que ella no quería seguir hablando con él.
Rió torpemente. —No me falla la memoria, fuiste tú. A menos que todo lo que hiciste por mí haya sido falso... Si de verdad me quisiste, tu naturaleza no te permitirá negarme esto.
Leandro ya había estado demasiado tiempo ahí.
Sofía miró hacia la puerta; Lorenzo ya debería estar por volver de dejar a la niña.
Ojos que no ven, corazón que no siente.
No quería que la presencia de Leandro arruinara la paz de su familia.
Decidió despacharlo con una frase: —Hace muchos años que no preparo ese remedio. No tengo nada listo. Acabo de salir de cirugía, no tengo energía para ponerme a procesar hierbas y prepararlo.
Ante eso, a Leandro no le quedaba más remedio que aguantarse el dolor.
Después de todo, ella acababa de pasar por dos cirugías, era comprensible que estuviera débil.
—Perdón por molestar —dijo Leandro bajando la cabeza—. Lo siento.
Su guardaespaldas dio la vuelta a la silla de ruedas, y justo antes de salir, él añadió: —Recupérate pronto, Sofi.
La silla apenas avanzó unos centímetros hacia el pasillo.
Entonces, escuchó a Sofía hablando por teléfono.
[¡Hola! Lorenzo...]
Aquel nombre fue como una cuchillada en los oídos de Leandro. Plantó los pies en el suelo, deteniendo la silla.
—¿Dónde estamos? —murmuró.
Benito se alarmó. —¿Qué pasa, Leandro?
Leandro siguió hablando solo: —No valgo ni lo que vale un viejo solterón de 65 años.
¿Se había vuelto loco otra vez?
Benito se incorporó de golpe, sosteniendo su yeso con cuidado, siseando de dolor.
—¿Alguien te provocó otra vez?
A Leandro le tembló el labio.
—Me estoy muriendo de la incomodidad. Fui a pedirle la medicina y me dijo que no la tenía lista. La entendí, al fin y al cabo era una medicina que ella creó exclusivamente para mí; ese amor era solo mío.
—En estos tres años no se la había pedido, así que era normal que no tuviera reservas por ahí para dárselas a cualquiera.
—Me dijo que estaba recién operada. Lo comprendí, sé que su salud es frágil.
—Incluso pensé... prefiero aguantarme el sufrimiento antes que causarle el más mínimo esfuerzo.
—Pero apenas di la vuelta, la escuché decirle a su hombre que le prepararía la misma medicina que yo le había pedido. ¡Y ni siquiera era para él o para su suegro! Era para el tío de Lorenzo. Un tío lejano la necesita y ella corre a preparársela, incluso sintiéndose mal por la cirugía.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...