—¡Wow! Qué afortunado es, un niño y una niña. Son el sueño de cualquier padre.
La vendedora no paraba de halagarlo, apresurándose a mostrarle las prendas más exclusivas y costosas.
—El pequeño príncipe y la princesita deben ser gemelos, ¿verdad?
La sonrisa de Leandro se ensanchó. —Sí.
Sus ojos no podían apartarse de aquel suéter navideño. Lo acarició con suavidad; era tan pequeño, tan tierno, perfecto para sus hijos.
La calidez le inundó el pecho.
—Quiero dos de estos, uno para mi hijo y otro para mi hija.
—¡Claro que sí! Con las fiestas a la vuelta de la esquina, esta ropa es ideal. Cuando la familia de cuatro salga a pasear, las fotos quedarán espectaculares.
Una familia de cuatro, pensó.
Desde la caja registradora, dos vendedores varones se acercaron corriendo para buscar las tallas.
Uno de ellos preguntó: —Señor, ¿qué edad tienen los bebés?
Leandro sonrió con orgullo: —Casi dos años y medio.
Los tres empleados se miraron, calculando.
—¿Le ponemos talla de 90 centímetros?
—Yo creo que les quedará justa.
—Con la altura de este señor, seguro que los niños son más grandes que el promedio.
Tres pares de ojos se clavaron en él, con tres sonrisas expectantes.
—Señor, ¿cuánto miden y pesan los niños?
Esa pregunta...
La primera vendedora salió al rescate de inmediato: —Señor, usted debe medir más de un metro noventa, ¿verdad? Sus hijos seguro son altos y fuertes. ¿Le parece bien si le empacamos la talla de 95 centímetros?
—Me parece perfecto.
No quería llamar a Sofía en ese momento para preguntar; no quería alertarla.
De pronto, su mirada quedó atrapada por un pequeño vestido exhibido en la vitrina. Su sonrisa se hizo aún más grande.
La vendedora, rápida, lo descolgó y se lo entregó.
Lo miraba con las mejillas ruborizadas, completamente embelesada por el atractivo de Leandro.
—Su hija debe ser una muñeca, qué envidia da.
Leandro sostuvo el vestidito entre sus grandes manos. La felicidad era imposible de ocultar, y la ternura suavizó sus facciones, haciendo que su imponente rostro luciera increíblemente cálido.
Hoy estaba de excelente humor, con una paciencia inagotable.

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