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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 765

Leandro era su todo.

Incluso si, por un segundo, Leandro había sentido algo de nuevo por su exmujer, Isabel no tenía el valor de reclamarle nada.

Isabel comenzó a retocarse el maquillaje.

Clara y Lilia no tardaron en ayudarla a acomodarse, soltando comentarios de apoyo mientras la arreglaban para que se viera perfecta.

—Eres bellísima, dulce y bondadosa. Leandro no está ciego, él sabe perfectamente que eres la única a la que debe amar.

—No hay que darle importancia a esto. ¿Una cualquiera como Sofía? Jamás podrá competir contigo.

—¡Ánimo, amiga! Nosotras estamos contigo para lo que necesites.

Con esos halagos en la cabeza, Isabel levantó con cuidado la pesada falda de su vestido y avanzó hacia el pasillo con la mejor de sus sonrisas.

Apenas estuvo a unos pasos de él, usó su tono más meloso.

—Leandro, mi amor, ¡llegaste! Te estaba esperando en la sala cinco...

Clara y Lilia, que espiaban escondidas detrás de la puerta, cuchicheaban muy pegaditas:

—Seguro que en cuanto Leandro la vea, se le pasa el trance que le causó la otra.

—Claro que sí. Con ese vestido que cuesta una fortuna y perfectamente maquillada, se ve como un ángel.

—Los hombres son tan predecibles; solo les entra la calentura por los ojos.

—Ellos llevan más de tres años juntos, esa tontería de «amor a primera vista» que pareció sentir por Sofía no es nada comparado con lo suyo.

Esos flechazos momentáneos son como el humo, se esfuman rápido.

Lo que Leandro tenía con Isabel, tantos años compartidos en las buenas y en las malas, eso sí era amor del bueno, algo irrompible.

Las hermanas le enviaban buenas vibras en silencio.

Sin embargo, al segundo siguiente...

Fue como si les cayera un balde de agua helada encima.

—¿Qué? —exclamaron ambas al unísono.

Leandro... había ignorado olímpicamente a Isabel y había seguido su camino.

¡Con qué frialdad!

Isabel se había acercado toda sonriente y dulce, mientras él ni la miró, con el rostro más tenso que un témpano de hielo y una expresión de odio puro.

Isabel se quedó ahí, completamente humillada.

Apoyó una mano en la pared, sin saber si correr tras él o regresar al camerino.

—¡Por Dios! ¿Qué acaba de pasar? —Lilia suspiró con desánimo.

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