Buscaron por todo el lugar.
Pasaron entre hileras e hileras de enormes vestidos de novia.
—Disculpe, ¿de casualidad sabe dónde se encuentra el señor Lorenzo Lira? —le preguntó Lilia a uno de los dependientes.
El empleado hizo una ligera inclinación de respeto—. ¿Le puedo ayudar en algo, señorita?
—Estoy buscando al señor Lorenzo.
Como la tienda era gigantesca y contaba con varias salas de espera, además de cafetería para que los caballeros pasaran el rato mientras las mujeres se arreglaban, a veces había que usar el micrófono para encontrar a alguien.
—¿Usted es... la...? —preguntó el dependiente.
—Una amiga —respondió Lilia.
—Perfecto, permítame un momento.
Apenas el empleado se dio la vuelta, Clara le gritó a la espalda: —¡La novia! ¡Avísele por el altavoz que su novia lo espera en la zona 3!
Lilia le dio un leve golpe a Clara en el brazo.
No debiste hacer eso, pensó.
Todavía no se le había declarado oficialmente, así que llamarse «su novia» en público se veía muy aventado.
A los hombres no les gustaban las mujeres que se apresuraban tanto.
Sabiendo que Lorenzo había estado con Sofía y luego la había dejado, Lilia sentía que debía demostrar que ella era una señorita digna y recatada, para que él la valorara como se debe.
Clara se echó a reír y le pellizcó la mejilla a su hermana.
—Es por el bien de ambos. Si anuncian por el altavoz que «una amiga» lo busca, Lorenzo seguro creerá que es alguna cazafortunas o interesada tratando de colársele, y ni caso hará. Así se la pasarían buscándose en un lugar inmenso y perdiendo el tiempo.
Lilia lo pensó un momento. Tiene sentido.
Al decir directamente que era su novia, quedaba clarísimo para él y así ya no tendría que seguir buscándola desesperado.
El pobre debía estar cansadísimo de dar tantas vueltas para encontrarla.
Pasaron cinco minutos después del anuncio por los altavoces.
Y Lorenzo no aparecía.
Lilia, sin poder aguantar la ansiedad, dejó de lado su orgullo y decidió marcarle.
—¿Te contesta? —preguntó Clara, frunciendo el ceño.
—No responde.
Con la música de la tienda tan alta y tantos maniquíes gigantes tapando todo, la acústica no era la mejor.
—Seguro hay mucho ruido y no escuchó el teléfono —la justificó Clara.
En ese instante, un empleado se les acercó.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...